Antropólogos deben recuperar el liderazgo que tuvieron durante la posrevolución: Diego Prieto

*** El director general del INAH participó en la apertura de la reunión nacional del
Programa Nacional de las Regiones Indígenas de México

*** Con sede en Cuernavaca, participan investigadores que conforman los diferentes
equipos de estudio de las regiones etnográficas del país

El Programa Nacional de Etnografía de las Regiones Indígenas de México (PNERM) es
el más grande del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). En el marco de
sus dos décadas de vida, esta iniciativa de investigación busca ser transformada para
atender los nuevos desafíos del país, donde la antropología es llamada a ocupar un
lugar preponderante.

Con la finalidad de hacer un análisis colectivo y una reflexión dialogada sobre los
alcances del programa, que permitan reorientar nuevas líneas y formas de trabajo, del 9
al 11 de septiembre se lleva a cabo una reunión nacional con la participación de los
investigadores que conforman los diferentes equipos de estudio de las regiones
etnográficas de México.

Durante la apertura de los trabajos, el director general del INAH, el antropólogo
Diego Prieto Hernández, señaló que este es el momento de la antropología, al tiempo
que destacó siete aspectos que, a su juicio, deben ser considerados en la transformación
del programa nacional, y de los cuales el primero se refiere a la integración de un
seminario.

Acompañado de la secretaria técnica del Instituto, Aída Castilleja González,
expuso que como segundo punto se debe retomar el papel formativo del programa, es
decir, que continuamente incorpore antropólogos sin experiencia en la academia, y que
en el mismo transiten a su madurez. “El proyecto no puede ser un espacio para
estancarse, sino donde se generen más antropólogos, un lugar donde se forman
investigadores de la mayor capacidad en el ámbito de la etnografía”.

El tercer tema de importancia, dijo el antropólogo, es dotar al PNERM de un
Consejo Académico, el cual incorpore distintos enfoques, posibilidades y que tenga la
autoridad que le confieran las propias capacidades de quienes lo integren.

Un programa de investigación donde el componente principal sea la producción de
conocimiento, continuó el titular del INAH, es el cuarto aspecto que hay que fortalecer,
“porque la investigación que no es pública, no existe, y hoy publicar significa estar
presente en distintas plataformas: escritas, audiovisuales y otras; porque el conocimiento
se magnifica cuando puede ser consultada por la mayor cantidad de personas posible”.

Como quinto punto, el antropólogo señaló que la investigación en el INAH atiende
a encargos sociales e institucionales específicos, “no somos divulgadores, pero tenemos
que hacer divulgación, destacó; no somos necesariamente docentes, sin embargo,
tenemos que formar en la investigación. La diferencia entre la investigación en el INAH y
en un espacio universitario, es que formamos parte de una institución que tiene misiones
sociales, cumplir con el mandato de investigar, conservar, difundir y formar profesionales”.

Otro punto, continuó, es el de la divulgación, la cual “no es tarea solo de los
investigadores, por ello, tenemos que buscar estrategias para divulgar el conocimiento
que se produce en este programa, existe la propuesta de que los Atlas Etnográficos los
pueda editar la Comisión Nacional de Libros de Textos Gratuitos, y estén en todas las
escuelas secundarias.

“En este sentido, hay que restablecer el binomio cultura-educación, debemos
hacer conciencia en sectores de la población sobre la riqueza que representa la
diversidad étnica, lingüística y cultural.

“Tenemos que estar en los medios, no solo con las glorias de la arqueología, sino
con las investigaciones etnográficas, porque 75 por ciento de la población mexicana no
sabe qué son los pueblos indígenas. Se dice que México es una nación pluricultural con
reconocimiento constitucional; suena bonito, pero nadie lo entiende, hay mucha
discriminación hacia la gente indígena, por eso necesitamos hacer más esfuerzos de
divulgación”, anotó Diego Prieto.

“Durante el último cuarto del siglo XX, expuso, parecía que la solución la tenían
los economistas, los politólogos, los encuestólogos, todo se resolvía con una encuesta.
Hoy tenemos que dar un sentido antropológico a los debates relacionados con el
desarrollo, nutrir con conocimiento informado que ayude a tomar decisiones en temas de
turismo —como el caso del Tren Maya— en el ámbito biocultural. Los antropólogos
tendrían que recuperar ese liderazgo que tuvieron en las décadas inmediatamente
posteriores a la Revolución. Creo que vivimos un momento fundamental para la antropología en general”.

Dijo que es pertinente incorporar coloquios anuales sobre la etnografía,
aprovechando la infraestructura que tiene el INAH en todo el país. “El programa tiene
que priorizar y definir lo que significa, en términos sociales, políticos y culturales, que
México es una nación pluricultural”.

Los objetivos de la reunión nacional, celebrada en la ciudad de Cuernavaca, en
Morelos, fueron presentados por la antropóloga Paloma Bonfil, coordinadora nacional de
Antropología del INAH, acompañada de Isabel Campos Goenaga, directora de la
representación estatal de la institución.

La antropóloga destacó la necesidad y pertinencia de que en el INAH se
mantengan programas colectivos como el PNERIM, una iniciativa nacional en términos
de su cobertura, académicamente sólido y articulado con el papel que hoy está jugando
el INAH, ante la demanda de otras instituciones, de otros sectores de comunidades
indígenas, de diferentes órganos de gobierno y de la academia en general.

Bonfil invitó a “reflexionar sobre cómo un programa que desarrolla conocimiento
sobre las culturas indígenas de nuestro país, sus dinámicas, problemáticas y demandas,
puede alimentar la acción institucional, no solo en la concepción de política pública y la
incidencia intersectorial, sino en respuesta a las problemáticas indígenas”.

Asimismo, destacó que el INAH es cada vez más solicitado por municipios,
tribunales, museos, embajadas y secretarias de Estado, para dar información y trabajar
con ellos diferentes espacios de construcción de política pública, marcos de referencia y
de sensibilización. “Estamos recibiendo demandas de gobiernos municipales para
sensibilizar funcionarios, articular programas culturales, identificar poblaciones
indígenas.

“También, en el peritaje hay un potencial grande. El INAH es reconocido como un
dictaminador importante para realizar estudios culturales que sirven para procesos
judiciales, con resultados centrales para los derechos de los pueblos indígenas, en
términos bioculturales, de autonomía y autogobierno.

La investigación tiene algo que hacer y algo que dar”, apunto al subrayar que hay una demanda indígena de una nueva relación con el Estado, con la academia y la producción de conocimiento.

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