Detrás de la Ciencia – Rosalind y el secreto de la vida, parte 2.

Por Iván Duncker

Rosalind Franklin nace el 25 de Julio de 1920 en Londres en el seno de una prominente familia inglesa de origen judío, de la cual siempre recibió apoyo para cumplir sus sueños. Desde niña, mostró interés por las matemáticas y a sus 11 años ingresó a la escuela St. Paul’s, una de las pocas escuelas para niñas donde se enseñaba ciencia. Rosalind destacó acabando un año antes y ganando una beca para estudiar ciencias naturales en la escuela Newnham, una de las dos escuelas para mujeres que había en la prestigiada Universidad de Cambridge. Algunos famosos que también estudiaron en Cambridge son Charles Darwin (teoría de la evolución), Robert Oppenheimer (padre la bomba atómica), Stephen Hawking (breve historia del tiempo) y el Dr. House…bueno no el personaje, sino el actor Hugh Laurie, quien lo interpretó en la famosa serie televisiva. Sepan que cuando Rosalind se gradúa en 1941, las mujeres no podían recibir un grado académico ¡Increíble, pero cierto! No es hasta 1947 que Cambridge cambia sus reglas y Rosalind recibe su título.

 

El éxito de Rosalind como científica se empieza a forjar durante sus estudios doctorales, los cuales inicia en 1942 en la Asociación de Investigación para el Uso del Carbón Británico. Sus trabajos sobre la porosidad de distintos tipos de carbón, ampliamente citados hasta la fecha, le ganaron renombre académico y su título de doctorado en 1945. Posteriormente, gracias a su amiga francesa Adrienne Weill, presenta su trabajo a Marcel Mathieu, quien dirigía la investigación científica en Francia; se gana el respeto de Mathieu y en 1947 le otorga una plaza de investigadora en el Laboratorio Central de Servicios Químicos del Estado en París, Francia. Ahí, aprendería las técnicas de difracción de rayos X de uno de los grandes expertos de la época, el Dr. Jacques Mering, aplicándolas al estudio de la estructura del carbón, particularmente en su forma de grafeno. Esta técnica permite obtener imágenes de moléculas utilizando rayos X y sería la técnica que años después le permitiría tomar la famosa “fotografía 51” del ácido desoxirribonucleico o ADN.

 

Rosalind se queda en París por cuatro años, disfrutando de su trabajo y por supuesto de la cultura francesa (comida, moda, fiestas), pero también del ambiente convivial con sus colegas hombres, muy distinto a lo que viviría después. En 1951 y a los 30 años, Rosalind regresa a Londres para trabajar en la Unidad de Cristalografía del Departamento de Biofísica en la universidad King’s College, con la encomienda de resolver la estructura del ADN. Esto sucede en un contexto posterior a la conclusión de la segunda guerra mundial y el inicio de la era nuclear, donde se planteaba como prioritario descifrar el secreto de la vida que guardaba el ADN.

 

Desde su llegada, Rosalind se enfrentó a problemas. En la misma unidad de cristalografía trabajaba Maurice Wilkins, también estudiando el ADN, quien se encontraba de vacaciones cuando Rosalind llega (se la aplicaron a Maurice). Debido a que Rosalind había sido informada de que sólo ella estaría a cargo de identificar la estructura del ADN, toma las riendas del proyecto. Cuando Wilkins regresa de vacaciones y se da cuenta de la nueva situación, se inicia un conflicto terrible entre ellos que jamás se resolvería. Rosalind se asumía como una investigadora independiente y Wilkins la asumía como su asistente, el contraste de personalidades entre ambos permitía un margen muy reducido de colaboración. Rosalind era de un carácter firme y muy franca en expresar sus pensamientos.

 

A esta situación conflictiva, se sumó un ambiente muy diferente a lo vivido en Francia, por ejemplo, los espacios de convivencia estaban prohibidos para las mujeres. No obstante, Rosalind avanza muy rápido en su trabajo. En ese tiempo, James Watson, un brillante y ambicioso científico americano llega a Londres a los 23 años, con el propósito de contribuir a dilucidar la estructura del ADN, para lo cual logra incorporarse al Laboratorio Cavendish, una institución rival al King’s College. Ahí, Watson hace mancuerna con el biofísico Francis Crick.

 

Mientras tanto, Rosalind sigue haciendo experimentos para visualizar la estructura del ADN, que duran cientos de horas y requieren de mucho tiempo de cálculos manuales para generar estructuras tridimensionales (antes de las computadoras). Así, en mayo de 1952, Rosalind logra la imagen más precisa del ADN hasta ese momento, la cual marca como “fotografía 51”. No se sabe cómo, pero la fotografía 51 llega a manos de Wilkins, quien le muestra la fotografía a Watson, sin que Rosalind lo supiera.

 

Cuando Watson ve la fotografía 51, identifica información crucial para confirmar la estructura helicoidal del ADN. Con esta nueva información, Watson y Crick se ponen a trabajar intensamente y por su propio mérito conciben el modelo de la doble hélice del ADN que los haría famosos. El 28 de Febrero 1953, Crick manifiesta públicamente en la cantina El Águila, que han descubierto el secreto de la vida.

 

Pero para publicar sus hallazgos Watson y Crick tenían un problema, la mayor parte de los datos que sustentaban al modelo eran de investigadores del King’s College, incluyendo los de Rosalind. Así que los directores del King’s College y del Cavendish se reunieron y convencieron a los editores de la revista cientìfica Nature (hasta hoy, una de las más prestigiadas) de publicar tres artículos en un mismo número; el primero de Watson y Crick, seguido de uno de Wilkins y un colaborador y por último el de Rosalind y su estudiante Raymond Gosling. El orden tenía importancia, ya que al estar al último, hacía suponer que los trabajos de Rosalind se habían hecho para confirmar el modelo de Watson y Crick y no lo que en verdad había pasado, es decir, que el trabajo de Rosalind había sido la base para el de ellos. Además, en el artículo de Watson y Crick no se menciona la importante contribución que tuvieron los datos de Rosalind, incluyendo la fotografía 51, para proponer su modelo; una gran injusticia se había cometido.

 

Posteriormente, Rosalind se va a trabajar al Birkbeck College donde dirigió de 1953 a 1958 el Laboratorio de Investigación en Virus. Ahí, en un espacio mucho más convivial, participa en dilucidar la estructura tridimensional del virus del mosaico del tabaco (el primer virus en ser relacionado a una enfermedad) y de otros virus, incluyendo el virus de la polio. Su trabajo en la virología estructural le crea fama mundial. Desafortunadamente, durante una gira en Estados Unidos, empieza con severos dolores abdominales y se le diagnostica cáncer de ovario. Fallece año y medio después, el 16 de abril de 1958 a los 37 años. Es posible que el cáncer haya sido causado por las muchas horas que pasó trabajando con la difracción de Rayos X y que en aquellas épocas se hacía sin protección.

 

En 1962 Watson, Crick y Wilkins reciben el Premio Nobel en Fisiología o Medicina por sus descubrimientos sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos y su significancia para la transferencia de información en material vivo; en su discurso de premiación no se hace mención del aporte de Rosalind. Años después, Watson publica el best-seller “La doble hélice”, un polémico recuento personal sobre el descubrimiento del ADN, donde hace una apreciación muy negativa, en lo personal y profesional, de “La terrible Rosy”, pero también manifiesta que: “Rosy, por supuesto, no nos dio directamente sus datos. De hecho, nadie en King’s se dio cuenta que estaban en nuestras manos”.

 

A partir de ahí se empieza a indagar más sobre el trabajo de Rosalind, lo cual ha permitido reconocerle hoy en día su aporte fundamental para descubrir la estructura de doble hélice del ADN, pero también en mostrarla como un ícono de la lucha por avanzar la participación de las mujeres en la ciencia y erradicar la discriminación de género. Es muy factible que, si Rosalind no hubiera sido mujer, Watson, Crick y Wilkins, no la habrían tratado con el desprecio personal y profesional que mostraron hacia ella. Hoy las cosas han cambiado muchísimo y para bien, pero aún queda camino para erradicar la discriminación en todas sus formas. Rosalind fue una gran mujer científica y su legado nos debe recordar que las contribuciones merecen el mismo respeto y reconocimiento, indistintamente de la identidad sexual de quien las hace.

 

Sugerencias o comentarios: cienciamorelos@gmail.com

 

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