El Metro de la CDMX cumple 50 años

Por: Jordi Messeguer

El 4 de septiembre de 1969 la Ciudad de México se inauguraba el Metro. En aquel entonces el Distrito Federal era la capital de un país que empezaba a dejar atrás su pasado revolucionario y que poco a poco se adentraba en la modernidad y el Metro así lo reflejaba.

Antes de 1967, el Ingeniero Quintana (y otros más) había intentado por todos los medios convencer al regente en turno, el tristemente célebre Uruchurtu, de que una ciudad en expansión requeriría un transporte de vanguardia y futurista. No lo había logrado. Uruchurtu defendía el transporte urbano, el cuál veía en este sistema moderno y eficiente una clara afronta a su jugoso negocio de concesiones. El regente apoyaba esta mafia y además logró convencer al presidente de la importancia de mantener la fuerza viva de los transportistas al servicio del sistema.

Sin embargo y a pesar de las resistencias, en 1967 se publica en el Diario Oficial el decreto que creaba el Metro en la capital. Dos años más tarde haría su primer recorrido entre las estaciones de Chapultepec y Zaragoza.

La primera línea sería subterránea en una ciudad que se hunde y sin la tecnología de construcción de túneles que hoy conocemos. Entonces se abrió la ciudad, calle a calle, con manos de chango mecánicas -no neumáticas- que en cada lanzamiento quitaban tierra para construir y encajonar las vías. Se determinó que esas cajas que constituían el Metro estarían “flotando” en el lecho del lago, así no se vería afectado por los sismos ni por los movimientos diferenciales. Además, por la longitud entre estaciones y los movimientos del suelo, se determinó que los trenes correrían sobre neumáticos lo cuál resultaba una innovación a nivel mundial. Una vez más la ingeniería mexicana resolvía los problemas nacionales potenciando el uso de nuestros propios recursos.

Aunque si bien los primeros trenes fueron franceses, también es cierto que nuestro país adquirió y mejoró la tecnología. El crecimiento del Metro se dio con trenes fabricados y diseñados en nuestro país. Hoy, todavía corren los famosos trenes de la Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril hoy privatizada en manos de Bombardier.

Hoy la historia de la Ciudad no se concibe sin su Metro. Medio siglo después de ese primer viaje al día de hoy, viajan al año más de 1,600 millones de personas. Eso equivale a que cada mexicano (no solo chilango) viaje once veces al año en metro.

No solamente la historia, el presente de la ciudad y su funcionamiento no se entienden sin la magnitud de personas que por cinco pesos (probablemente el más barato del mundo) pueden recorrer la ciudad de norte a sur y de oriente a poniente.

Los problemas del Metro son de todos conocidos. Un abandono institucional durante el sexenio de Miguel Ángel Mancera que además de subir la tarifa, dejó al sistema en condiciones muy precarias y que hoy requiere cuando menos, una inversión de 30,000 millones de pesos para seguir funcionando. Pero insisto, no podríamos pensar que la Ciudad sobreviva sino sobrevive su Metro.

La reflexión y la historia nos llevan siempre a nuestro estado y a preguntarnos si nuestras zonas metropolitanas son viables en 50 años. Demos un salto al futuro y pensemos si en 50 años queremos seguir viendo las mismas Rutas (no creo que las modernicen) o si queremos que un transporte masivo (no tiene que ser un Metro) nos de identidad, viabilidad y movilidad como estado.

 

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