Feminazismo: el último Reich del mundo

Por: Mirelle Martínez

Cuando el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán de Adolfo Hitler llegara al poder en el año 1933, jamás habrían imaginado que el régimen que instaurarían duraría más allá de su caída unos 12 años después; ha sido tal el triunfo de la historia de horror vivida en el holocausto y bajo la ideología Nazi que de vez en cuando algún político tirano o alguna República en conflicto se comparan con ella.

En la historia reciente, podemos hablar de dos conceptos asociados con el nazismo, el primero y más obvio, el neo-nazismo, la corriente moderna directa de la ideología supremacista de Hitler y sus aliados en la que el racismo, la xenofobia y otros cánceres sociales dominan y le abren la puerta a la violencia que provoca el extremismo de sus creencias. Con mucha menos seriedad, y basado en un criterio propio del conservadurismo muchas veces hipócrita de los estadounidenses, el escritor Rush Limbaugh se inventó el término «Feminazismo» una combinación entre el feminismo y el nazismo que a decir de dicho autor, cobran relación cuando se compara al aborto con los estragos del holocausto.

El «Feminazismo» es a decir de otros menos estudiosos pero más fervientes usuarios del término, una ideología mucho más radical que la del feminismo, la clasifican aparte porque llamarlo feminismo radical no encaja con las consignas ni las formas, ni los modos.

Las «Feminazis», como son conocidas las mujeres que practican esta ideología no son sólo mujeres pro aborto, liberadas sexuales o defensoras de los derechos humanos de las mujeres, están más bien clasificadas como las orquestadoras de una ideología que desea conquistar al mundo, teledirigir a las masas y desmoralizar a las sociedades hasta primitivizarlas en sus prácticas, o al menos así fantasean quienes ven el orden actual como sano y desconocen los terribles efectos del heteropatriarcado en la desigualdad que prevalece en nuestras sociedades. Todo eso y más se le atribuye al «nazismo feminista», incluso se debate su intromisión en la agenda política global y de las regiones. En suma, el feminazismo es una ideología moderna que basada en el radicalismo de la década de los 40 ha instaurado el terror en las sociedades, pero que dejando de lado los sarcasmos, ha abierto heridas profundas en el análisis de la desigualdad que confina a las mujeres a espacios pequeños de acción en todo rubro y disciplina y que ve con ojos buenos la violencia creciente contra la mitad de la población.

El «Feminazismo» como han bautizado los más conservadores al feminismo, ha cobrado fuerza en la escena nacional e internacional no porque se desee imponer una ideología, sino porque a décadas del florecimiento de la lucha feminista que nos ha llevado al voto, a la libre manifestación de ideas, y a avanzar incluso en los espacios de decisión, no hemos podido avanzar en otros muchos campos en los que el dominio del varón sigue siendo casi totalitario.

Las consignas feministas más básicas se han radicalizado porque durante mucho tiempo no se ha escuchado el clamor de las mujeres. La violencia feminicida, el abuso sexual y las múltiples manifestaciones de acoso, la desigualdad de trato laboral, las brechas salariales, las decisiones públicas sobre el cuerpo de cada una y la violencia, siguen en aumento, y aunque la lucha pacífica ha logrado avances, estos han sido lentos, y hoy, a razón de lo que está sucediendo, por las más de 1200 mujeres asesinadas tan sólo este año en México, por las 9 mujeres que en promedio no vuelven a casa, por las niñas que han sido violadas, asesinadas y brutalmente torturadas, por las adultas mayores que siguen viviendo en la vulnerabilidad de la violencia sexual, y por la agenda de género que no avanza es que el feminismo ha tomado una mayor dureza, por esto es por lo que hay quienes se atreven a gritarle «Nazi» a una mujer que sólo pelea por lo que sabe que le pertenece.

El «Feminazismo» es pues, un concepto creado para desacreditar a las mujeres e invisibilizar la realidad de desigualdad que prevalece en nuestra sociedad y para justificar la perpetuación de la cultura heteropatriarcal. Les llaman Feminazis para asociarlas con el genocidio, el odio y la supremacía, aunque en realidad esas sean tergiversaciones propias de los esfuerzos del machismo por sobrevivir; les dicen supremacistas por querer ser tratadas igual que a los hombres, genocidas por estar a favor de decidir sobre la maternidad y su cuerpo, y fanáticas porque buscan eliminar los privilegios de los hombres frente a las mujeres, aunque éstas, en realidad, son sólo proyecciones de lo que el heteropatriarcado ha construido y que corresponderían más a la ideología Hitleriana.

El «feminazismo» es un concepto construido desde las estructuras patriarcales para desacreditar un movimiento que busca la igualdad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres, no hay mujeres «nazis», solo mujeres enojadas con el sistema que ha frenado el avance de la igualdad, sólo mujeres indignadas con las cientos de mujeres asesinadas en el mundo, por la impunidad con la que se aplica la justicia. Sólo son mujeres hartas de no ser escuchadas, son el reflejo de la violencia que sufrimos a diario sólo eso. Así que la próxima vez que quieran hablar de «Feminazismo» piénsenlo dos veces, y replanteense su ignorancia, no es necesario proyectarse, porque si hay crímenes de odio son aquellos que se cometen contra las mujeres, y quienes los cometen, son los hombres, no busquemos justificaciones absurdas en las consignas feministas, la desigualdad se ejerce de un solo lado.

Pd: A las mujeres nos hace falta ser sororas y entender que todas las luchas feministas nos han dado las libertades y derechos que tenemos. Juzgar desde la misma visión del machismo es fortalecerlo y retroceder.

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