La misión del docente VI: Nicanor Pérez 10/07/19

En la colaboración anterior, les compartía impresiones del Libro: “ENSEÑANDO PARA CAMBIAR VIDAS” del autor: Howard Hendricks. Quien se refería a las 7 Leyes sobre la educación; hoy continuamos dicha disertación.

3.- La Ley de la actividad: EL APRENDIZAJE MÁXIMO SIEMPRE ES EL RESULTADO DEL INVOLUCRAMIENTO MÁXIMO. Lo anterior se logra con actividades significativas, las cuales deben tener propósitos definidos y claros, y una relación estrecha con la edad y el contexto de nuestros alumnos. Nuestra labor como docentes no es impresionar o convencer a nuestros alumnos, sino ¡sacudirlos e inspirarlos al cambio!. Si recordamos sólo el 10% de lo que oímos; el 50% de lo que oímos y vemos, pero hasta el 90% de lo que oímos, vemos y HACEMOS, es por demás que continuemos con nuestras clases tradicionalistas y aburridas. He aquí algunas propuestas. Dirección sin dictadura, ejercer nuestra función en un ambiente de libertad pero con responsabilidad mutua, brindar opciones múltiples de aprendizaje y participación, tolerancia para aprender de los errores. Actividades que enfaticen la función y aplicación del conocimiento y comportamiento; aplicar lo aprendido a lo práctico y concreto, evitar saturación de teorías que no tienen relación con nuestras vidas. Cuando las actividades tienen un propósito planeado, los objetivos determinan los resultados. Dichas actividades deben interesarse tanto en el proceso como en los productos. Los alumnos deben regresar a sus hogares con la satisfacción de haber alcanzado un desarrollo mayor en su proceso de evolución. Que pasen de ser conformadores del mundo a transformadores del mundo.

4._ La Ley de la comunicación: LA COMUNICACIÓN ES LA RAZÓN DE EXISTIR PARA LOS MAESTROS Y EL PROBLEMA NÚMERO UNO DE LA ENSEÑANZA. Comunicarse es hacer comunidad, romper barreras y prejuicios raciales, religiosos, sexuales, sociales y morales; para luego, establecer puentes y vías de atención y entendimiento. Se pone en juego el intelecto, lo que sabemos; la emoción y el sentimiento, lo que sentimos; el espíritu, lo que creemos, anhelamos y concebimos como bien superior y común; y por supuesto, la acción,  lo que hacemos. A todos debe quedarnos claro, que lo que somos, es mucho más importante de lo que decimos y hacemos. Todas nuestras palabras y acciones deben ser resultado de nuestra infinita riqueza interior. Por ello es importante sembrar en la mente y corazones de nuestros alumnos lo bueno y lo bello para que en su momento florezcan y produzcan los buenos y bellos frutos que prodigarán a quienes los rodeen.

En la preparación de nuestra clase debe existir una introducción que impacte, que motive, que llame la atención; un desarrollo que explique, que ilustre, que dé ejemplos sin desviarse de su objetivo; y una conclusión que resuma y refrende la enseñanza y exhorte a ponerla en práctica. En todo momento debemos utilizar el lenguaje adecuado: claridad, precisión, sencillez y espontaneidad; volumen suficiente según el número de alumnos y el espacio en cuestión; siempre atentos, firmes y fraternos. Sensibles para detectar y solucionar las distracciones internas del alumno: miedo, tensión, depresión, enfermedad, excitación; contribuir a superar todo ello con la calidez del trato; evitar distracciones externas como llamadas por teléfono, mensajes de texto, llamadas de atención o gritos,  muebles sucios, etc. El salón de clase es un templo del saber y así se debe proceder.

5.- La Ley del Corazón: LA ENSEÑANZA EFECTIVA NO ES DE CEREBRO A CEREBRO, SINO DE CORAZÓN A CORAZÓN. La enseñanza que impartimos debe transformar la vida de nuestros alumnos y también la nuestra; Alejandro Magno, expresó: “amo a mis padres por haberme dado la vida y a mi maestro Aristóteles por haberme enseñado a vivirla” Sin duda para ser Maestro se requiere de carácter, de compasión y riqueza interior. Debemos ser personas creíbles, dignas y respetables, para inspirar fe y confianza. El amor pedagógico a nuestros alumnos es un ingrediente indispensable. Si nuestros alumnos no registran avances o cambios favorables de comportamiento vale la pena un alto y modificar nuestro procedimiento. El aprendizaje se origina en la actitud positiva, creando una atmósfera de aceptación fraterna, de respeto, calidez y amor; y no se muestra amor y respeto a nuestros alumnos si llego a la clase sin previa planeación y preparación. Estar atentos y despiertos a los detalles positivos para exaltarlos y motivar su fortalecimiento; el cambio es integral: saber, querer, creer y hacer; ejercitar la mente, el  corazón y la voluntad: creo, quiero, puedo y realizo.

6.- La Ley del estímulo. LA ENSEÑANZA TIENDE S SER MÁS EFECTIVA CUANDO EL ALUMNO ES PROPIAMENTE MOTIVADO. Debemos tener consciencia de la necesidad de conocimiento de nuestros estudiantes; pero también hacerlos conscientes de dicha necesidad; hagámoslos inconformes con su realidad, sin llegar al extremo de traumatizarlos; entrenemos a nuestros alumnos para que tomen consciencia de la vida que les espera; sin dejar de disfrutar su niñez y adolescencia; encontrar y procurarles motivaciones externas, que promuevan su interés interno; nunca limitar o prohibir, sino canalizar adecuadamente sus inquietudes desbordantes.

7.- La Ley de la preparación. EL PROCESO DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE SERÁ MÁS EFECTIVO, CUANDO NOS PREPAREMOS ADECUADAMENTE ALUMNOS Y MAESTROS PARA ALCANZAR NUESTROS OBJETIVOS.

Es indispensable que alumnos y docentes tengamos antecedentes e información previa del tema que se abordará en la siguiente clase; no es suficiente con los conocimientos que traen nuestros alumnos acumulados por su experiencia en el hogar y las relaciones sociales en diversos contextos; es necesario que ellos y nosotros aprendamos a investigar, a ser autodidactas; las tareas, que por cierto la UNESCO sugiere que no se dejen, deben servir para preparar la mente previamente a la clase, dar fundamentos sobre las conclusiones que alcanzaremos, y asumir el papel de investigadores y visionarios permanentes en tanto estemos vivos, para dar en todo momento respuestas documentadas y resolver con sabiduría los retos y desafíos de cada día.

Por Nicanor Pérez Reynoso

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