La renuncia de Urzúa: Paco Santillán 11/07/19

En el gabinete de López Obrador existen dos tipos de funcionarios públicos; por un lado, los moderados, capaces, sensibles y políticamente viables para la función que desempeñan y, por otro, los compromisos de muchos años que Andrés Manuel traía cerca y a quienes les compensó su lealtad con un cargo en la administración pública… aunque muchos no tuvieran la capacidad para el cargo que desempeñan.

Para evitar discusiones estériles sobre si un funcionario entra en una categoría u otra, sólo me limitaré a señalar que Carlos Urzúa era del primer bloque (o así lo pensaba). Un funcionario capaz, moderado, que mantuvo la economía del país estable, pese a todos los embates que ha vivido (o se ha generado) esta administración. Lo que no deja de extrañar es la forma de su salida. Una persona que ha sido amigo y leal, durante años, al presidente sale del gabinete de forma abrupta y dejando a México en medio de una inhóspita incertidumbre económica. Sigo sin entender las razones de salir con esa carta donde evidencia temas internos pero que afectan profundamente a nuestra economía.

El actuar de Urzúa pone de manifiesto los evidentes conflictos políticos que existen al interior del gabinete (carne de cañón pura y dura para la derecha más recalcitrante de este país), pero nos deja a los mexicanos con el costo de su salida… la caída de la bolsa, la devaluación del peso, la especulación en los mercados financieros son ejemplos de la estela que nos deja la carta de renuncia del ex titular de Hacienda, donde nos pasa factura a los mexicanos de su decisión ¿O era muy difícil irse y ya? La reacción de Andrés Manuel fue acertada.

De inmediato llamó a la estabilidad y nombró a Arturo Herrera como nuevo Secretario de Hacienda para detener el embate de una derecha que pareciera que nada le importa. Una derecha que prefiere ver incendiar al país antes que permitir que otros nos gobiernen y que atinan a señalar cada error del presidente.

El nombramiento de Herrera brindó estabilidad, pues manda la señal que la conducción económica debe seguir el mismo camino que su antecesor, brindó tranquilidad a algunos mercados y garantizó la llegada de alguien con conocimientos técnicos a dicha dependencia.

El tema económico es muy delicado. Desconozco lo que pasa al interior de la Secretaría, pero sí sé que nuestro país está estancado, con estabilidad, sí, pero sin perspectivas de un crecimiento elevado. Los temas que hayan motivado la renuncia de Urzúa serán objeto de análisis más adelante, lo que sí debiera preocuparnos a todos los mexicanos es la inestabilidad económica que se genera.

En las horas posteriores a la renuncia, las redes sociales se inundaron de una serie de opiniones devastadoras y acribillantes contra el presidente (a lo que no pude sino cuestionarles su tono aguerrido de celebración escondida pues seguramente su patrimonio está en el extranjero y les vale gorro una debacle económica); pero también fue decepcionante leer a los fieles seguidores de Andrés Manuel desacreditar al ex funcionario que discrepó con la política de su líder.

No señores. La economía no es un juego… es el eje de nuestro país, el origen de todos los males que atravesamos como sociedad.

Si la economía no mejora, ningún problema que vive nuestro país lo hará. Ninguno. Es muy irresponsable jugar hipócritamente (como la derecha radical), irresponsablemente (como la izquierda radical), maliciosamente (como los afectados de diversas acciones de este gobierno) con ella.

Insisto: los que han usado esta crisis, nuevamente, como bandera para atacar a la Presidencia deben tener su patrimonio en Estados Unidos o Europa, de otra forma, no entiendo porque celebrar una situación que nos puede llevar a una crisis donde los únicos que seremos afectados seremos los que tenemos nuestro patrimonio en este país.

Por Paco Santillán

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