Las víctimas de Cuauhtémoc Blanco

Por: Mirelle Martinez

El fin de semana pasado se vivió un episodio que indignó a la comunidad morelense y que viralizó una consigna unificada por justicia; una niña, de escasos 6 años de edad habría sido abusada sexualmente y asesinada por un hombre que aparentemente había entrado a robar a su casa.
Claramente la indignación no se hizo esperar, la noticia nos sacudió, la brutalidad de la violencia feminicida llegó a niveles inimaginables, y es que hemos normalizado la violencia contra las mujeres muchas veces justificándola y minimizándola, ¿pero una niña? Eso sí ya a todas y todos nos resulta inadmisible.

La violencia contra las mujeres es un cáncer que se ha extendido de manera inquietante durante los últimos años en nuestro país y que claramente se refleja en las estadísticas de Morelos no sólo por probabilidad, sino por la falta de interés político y sobre todo, de sensibilidad humana del gobierno que tenemos y que en mucho ha abonado para que la violencia de género no se combata ni se prevenga, al menos no desde los canales institucionales del ejecutivo estatal, a quienes les preocupa más disimular la ausencia física del gobernador que trabajar sobre los problemas que están aquejando de manera grave a la ciudadanía como la violencia y que se extienden de manera alarmante hacia las mujeres por el descobijo institucional.

Hace unas semanas la nota fue sobre el presupuesto al que tienen acceso los estados que cuentan con alerta de violencia de género a través de la Comisión Nacional Para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra Las Mujeres, presupuesto que por una inadmisible omisión del gobierno del estado y el gabinete a cargo de Pablo Ojeda, secretario general de gobierno no se logró y que respondía a más de 7 millones de pesos para la activación de los mecanismos de la alerta de violencia de género, es decir, para combatir los índices de violencia feminicida en el estado. No es menor lo que sucedió con el presupuesto de Conavim, no sólo porque refleja un desinterés rotundo sobre los temas de género sino porque asegura que la impunidad en delitos contra las mujeres se refuerce.

¿Por qué debería extrañarnos que un gobierno encabezado por Cuauhtémoc Blanco no atienda la violencia contras las mujeres, cuando desde alcalde ha dejado claro que el tema no sólo no le interesa, sino que le incomoda?; sus gabinetes poco han tenido de paritarios y sus actos personales han hablado sobre su misoginia de manera constante. Lo mismo podemos decir del gobernador de facto, José Manuel Sanz Rivera, que pese a los recurrentes y desafortunados hechos de violencia feminicida en el estado se ha limitado a criminalizar a las víctimas en lugar de poner en marcha al aparato gubernamental para minimizar los efectos de la violencia institucional que claramente es también un factor en contra de las mujeres.

Es muy simple, las estadísticas de violencia se reducen con acciones concretas y específicas, se les llama estrategias, y corresponden a tres premisas fundamentales: voluntad política, un buró de inteligencia (estrategas y expertos) y atención permanente. Pará ello, primero, deberíamos lograr que a Cuauhtémoc Blanco o en todo caso a José Manuel Sanz le interesara resolver la situación, la voluntad política debe estar motivada por la voluntad personal, lo que resulta difícil con los antecedentes de misoginia que ya antes mencionamos; la violencia feminicida tiene sus orígenes en la descomposición del tejido social, en la pérdida de valores y en la creciente promoción de los antivalores, pero pensar que la responsabilidad de los gobiernos es menor es un error que estamos pagando caro. Prevenir la violencia en todas sus aristas es un trabajo que en mucho depende de quienes tienen el poder y aunque en casa se gesten la mayoría de los patrones de comportamiento individual, también colectivamente generamos identidad, hay violadores porque hay un sistema que los justifica, pero también porque hay un gobierno que minimiza sus efectos o que los invisibiliza para no tener que combatirlos. Hay violadores y feminicidas porque hay modelos de violencia incluso en las más altas esferas políticas, que viven en la impunidad del poder.

Lo que sucede en Morelos va más allá de la descomposición del tejido social. No hay gobierno, no hay autoridad, no existe el interés de cambiar las cosas, no hay estrategia porque no hay idea. Se trata de la podredumbre de las instituciones encabezada por Sanz, Cuauhtémoc Blanco y sus cómplices, por la ineptitud de sus acciones y por la escasez de experiencia y conocimiento que es la constante en el funcionariado estatal.

Ya no se trata sólo de mujeres desaparecidas, asesinadas o abusadas sexualmente, se trata de todas las formas posibles de violencia que nadie ataca, de la impunidad en la que operan los criminales en Morelos, de la repugnante forma en la que una niña de 6 años irá a dar a la misma estadística que muchas. No podemos seguir viviendo en un estado en el que lo mismo da la ejecución de 4 personas a plena luz del día que el asesinato cobarde de niñas y niños. Este vacío de poder y está falta de voluntad política tienen un nombre y un apellido, Cuauhtémoc Blanco, quien también es culpable de la estadística del horror que vivimos hoy.

Pd: Siempre ausente por tus viajes o por tu incapacidad, gobernar no es un juego.

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