Lee la columna de Lungo García el poeta

En la nota anterior hablaba sobre la declamación y dábamos algunas recomendaciones para quienes gustan de este género y tienen la inquietud de poder expresarse en verso ya sea de su autoría o de otros autores.

Continuaré con mas tips sobre este tema que considero importante. En este caso me referiré a la postura del cuerpo, el cual debe estar bien erguido, con total naturalidad, no demasiado rígida ni estatutaria.

No caer en frecuentes y descompuestos movimientos, tal como si tuviera un ataque de epilepsia.

Tampoco es recomendable el andar de acá para allá, aunque a veces sea conveniente cambiar de lugar o dirección a donde el declamador dirige la palabra.

El mover o agitar permanentemente la cabeza es algo que se debe evitar en lo posible, ya que solo es necesario en aquellos casos en que la índole de la obra lo exija.

Hay que tener en cuenta que en casi todos los idiomas, la señal de afirmar o negar con la cabeza se indica de una manera similar y es oportuno, y a veces indispensable hacerlo.

El inclinar la cabeza de un lado a otro puede significar laxitud, horror, miedo, indignación, compasión, etc., según sea el talento del declamador y su acierto interpretativo. Lo mejor es mantener la cabeza recta y erguida con dignidad y naturalidad, pero sin echarla demasiado hacia atrás, lo cual podría significar arrogancia y provocación. En otras ocasiones el mantener la cabeza baja  o algo inclinada sobre el pecho expresará adecuadamente sentimientos de humildad, tristeza y compunsión.

La sabiduría popular dice que la cara es el espejo del alma, por eso no hay que asombrarse que de la misma dependan muchos triunfos en esta materia. De ahí que los diferentes sentimientos en la gama pasional, deben demostrarse  de una manera preferente con la mímica facial. Es buen ejercicio practicar la declamación frente a un espejo para corregir errores y defectos de postura.

Otro aspecto importante a tener en cuenta son los ojos y sus movimientos, ya que si los tenemos elevados al cielo o a lo alto, indican súplica o clamor y el apartarlos o desviarlos súbitamente demuestra desprecio o aversión. El cerrarlos con fijeza puede expresar estupor  o espanto y el tenerlos moderadamente bajos indica modestia, recato, pudor o vacilación.

Téngase siempre presente que el movimiento de  los ojos deben acompañar a manos y brazos y han de dirigirse siempre donde estos señalen.

Otra de la cosas importante es lo referente a las manos ya que toda declamación sería débil o incompleta, puesto  que ellas tienen  a cierto poder que es difícil de  explicar. Las manos hablan por si mismas ayudando al declamador,  por medio de ellas pedimos, amenazamos, tememos, interrogamos negamos y expresamos con toda claridad la noción del gozo, la tristeza, la duda, la afirmación, la penitencia, el modo, la cantidad y el tiempo. Ya habíamos señalado en la nota anterior lo impropio de señalar hacia arriba cuando se habla del suelo, por ejemplo, o viceversa.

Para expresar la admiración, no hay como elevar las manos, aunque raras veces deben levantarse mas allá de la cabeza.

Hay mucho mas para explayarnos sobre las manos y sus ademanes, que lo iremos haciendo en otras entregas.

También nos queda profundizar sobre la voz, sus entonaciones, las formas y estilos, la acentuación, cadencia y ritmo. La respiración también es sumamente importante y lo analizaremos mas adelante.

Espero no haber sido demasiado cansador, pues la intensión es acercarles estos consejos para que puedan ayudarlos a lograr una buena interpretación. Claro que, como dijimos en la otra nota, si no se tiene la sensibilidad necesaria, poco se puede lograr. Como dice el antiguo dicho popular:

“Lo que natura non dá, Salamanca non presta, o como decimos en Argentina: “No pinta quien tiene ganas, si NO quien sabe pintar.

Es todo por ahora, gracias por su atención y será hasta la próxima entrega.

Contacto: cel. 777 19 11 581.

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