«Miguel Navarro, Carta al Virrey» de José Iturriaga de la Fuente

 

El fraile español Miguel Navarro, provincial de la orden de San Francisco en la Nueva España (o sea la más alta autoridad entre los franciscanos de acá), escribió esta carta al virrey Martín Enríquez de Almanza el 14 de diciembre de 1568, esto es apenas cinco semanas después de que tomara posesión del gobierno del virreinato. Lo interesante para nosotros es que la misiva está firmada en Tlaquiltenango, hoy estado de Morelos; el tema de la epístola es que los misioneros franciscanos tuvieron que dejar algunos conventos -o “casas”, como aquí los llama su superior- para atender a otros, debido a la escasez de frailes. Se entiende del texto que el virrey había pedido al provincial que no abandonaran conventos y éste le responde explicando el motivo y ofreciendo la reocupación de uno de ellos:

Muy Excelente Señor: Yo he consultado á los Padres de la Provincia de lo que V[uestra] E[xcelencia] me tiene mandado, cuya resolución ha sido esta: que yo dé cuenta y relación entera á V. E. (como la doy por ese papel que va con esta)[1] de lo que pasa cuanto á este negocio de haber nosotros dejado las casas que dejamos, y las razones que para hacerlo nos movieron, y la necesidad que al presente tenemos, que es mayor cada día, por ir los frailes faltando y no venir algunos de España, para que con esto se satisfaga V. E. de cómo la imposibilidad sola, y no otra cosa, nos ha detardado y detarda el cumplir su mandato, y el sentir en cargo de nuestras conciencias, que hace­mos mayor servicio á Dios y á S[u] M[ajestad], y por el consiguiente á V. E., y mayor provecho al común destos naturales en no volver á tomar por ahora las casas que dejamos, que si las tomásemos. Y más han condescendido conmigo en esto á mi importunación, que si todavía, entendida la relación y satisfacción que damos, no obstante esto fuere V. E. servido que se vuelva á tomar alguna de aquellas casas, solamente por dar á V. E. este contento y hacerle este pequeño ser­vicio, y para que entienda que lo deseamos hacer en todo, y en más de lo que podemos, se tome la casa de S. Juan Iztaquimaxtitlán, que es la más necesitada y la más importuna, y á los demás se les diga que tengan paciencia hasta que Dios provea de religiosos, que ellos se consolarán con la esperanza, pues por ahora nuestra voluntad no se puede poner por obra; y esto de S. Juan dicen que se haga con tal condición que los indios de aquel pueblo se conformen y acudan todos ellos á la doctrina de los religiosos, así los de S. Juan como los de S. Francisco, que solían estar divisos [divididos].

Lo que V. E. por su carta manda, tocante á las sementeras [milpas] de los naturales, yo avisaré á todos los guardianes que se los digan, aunque pienso que será de poco provecho, porque el indio comunmente no hace cuenta de las palabras de aquel que ninguna autoridad tiene para hacerlas poner en ejecución. Solía que los frailes los atraían á esto y á todo lo demás que les convenía para su conservación y poli­cía [buen orden] (porque es gente que tiene perpetua necesidad de ayos, y tales que no pretendan su propio interés sino el de ellos); mas ahora están tan predicados que el fraile no tiene que entremeterse en sus negocios, ni que decirles cómo han de vivir, que aun les dicen lo que les conviene para salvar sus ánimas, y -algunos se ríen dello.

Acerca de la necesidad que en esto hay, tocante á la doctrina, que es grandísima, y de otras cosas anexas á ella, envío ciertas peticiones al P. Guardián de S. Francisco para que las presente á V. E., á quien humildemente suplico que las reciba con benignidad y celo que siempre ha mostrado de hacer lo posible en que sea nuestro Señor Dios servido, y la conciencia de S. M. descargada, con protestación que hago, que ni en esto ni en otra cosa se suplicará á V. E. de parte desta Orden otra cosa sino aquello á que el Rey nuestro señor está muy obligado para descargo de su real conciencia. Nuestro Señor la muy excelente persona de V. E. guarde, y estado prospere por muchos años, para más aumento de su santo ser­vicio. De Tlaquiltenango, á catorce de Diciembre de 1568 años.[2]

[1] Dicho papel no aparece en la fuente que utilizamos.

[2] Navarro, Miguel, “Carta al virrey”, en Cartas de religiosos de Nueva España, México, Ed. Salvador  Chávez Hayhoe, 1941, pp. 51-52.

José N. Iturriaga, «Otros cien forasteros en Morelos», Secretaría de Cultura del Estado, 2015.

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