Primero los pobres y por eso¡Primero la Ciencia!: Dr. Iván Martínez Duncker 03/07/19

Detrás de la ciencia

La mención de “Primero los pobres” es una expresión ideológica del gobierno federal que es congruente con la justicia social que deseamos para todos los mexicanos. Esta postura adquiere una relevancia mayor cuando habitan en nuestro país más de 50 millones de compatriotas en situación de pobreza.

Ahora bien, se ha propuesto que para reducir la pobreza es necesario aplicar el principio de austeridad republicana, el cual tiene como objetivo suprimir los excesos en el gasto público, permitiendo en un contexto de honradez, racionalidad y transparencia, invertir más recursos para reducir la pobreza y la desigualdad. Así, la austeridad se constituye no sólo como una medida de ahorro, sino sobre todo como una norma ética (preferible a usar el término de moral).

Por ello, se vuelve imperativo que su aplicación sea inteligente, es decir, que el ahorro en el gasto público no solo mitigue la pobreza a través de la entrega directa de apoyos económicos, sino que también incremente la inversión pública para eliminar aquellos factores que la generan.

Así, la verdadera intención será reducir el número de pobres y no mantenerlos cautivos en un asistencialismo clientelar, pues ello resultaría en una afectación al crecimiento económico y en una mayor pobreza.

Es por ello indispensable que la austeridad detone la inversión pública y privada, haciéndolo en un contexto sostenible que favorezca el bienestar social. Al ser un elemento estratégico para resolver nuestras problemáticas más complejas, incluyendo la pobreza y la desigualdad, la inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) es clave para la prosperidad.

Un incremento y optimización de la inversión en CTI permitirá la tecnificación del campo y de la industria, incrementando la productividad y la creatividad, agregando así valor y calidad a los productos nacionales y evolucionando de una cultura empresarial de manos baratas a una de mentes creativas. Por ello, es necesario construir un esquema donde la austeridad fomente una mayor inversión en CTI y la consolide como un eje para lograr el bienestar social.

Desafortunadamente, un efecto problemático de la austeridad han sido los recortes y/o las faltas de ampliación al gasto corriente y de operación en diversas instancias de la administración federal, incluyendo el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), encargado a nivel federal de dictar las políticas públicas y financiar la mayor parte de los proyectos en materia de CTI.

En el inicio de esta administración federal, por ejemplo, se han suspendido algunos programas del CONACyT y se ha reportado una afectación a la operatividad de los centros públicos de investigación, causando una incertidumbre generalizada en las comunidades científicas del país sobre la dirección de las nuevas políticas.

A esto se ha sumado la decepción en las comunidades científicas, por haber confiado en que el nuevo gobierno de izquierda sería un aliado estratégico para incrementar la inversión en CTI, sin embargo, la austeridad y la lucha contra la corrupción han servido de instrumentos para apaciguar estas esperanzas, dejando entrever que algo así no ocurrirá, al menos en el corto plazo.

Por otra parte, la estrategia de comunicación del CONACyT no ha logrado mitigar la percepción negativa que se ha construido en torno a estas y muchas otras medidas de austeridad que parecen hacer más daño que bien a la CTI.

Además, en la coyuntura de la austeridad, se han sumado bajo análisis imprecisos, pronunciamientos desde la presidencia que han estigmatizado a los científicos como un sector privilegiado, no obstante, es importante apreciar que se han observado rectificaciones al respecto y eso nos muestra que hay capacidad para escuchar críticas y que podemos influir desde la ciudadanía en las definiciones que se avecinan.

A pesar de esta compleja situación, confío en que habrá una transformación positiva y necesaria del CONACyT, que se hereda anquilosado, poco democrático en las decisiones sustanciales, con una paridad de género por construir en los cuerpos de toma de decisiones, no sólo en términos de más mujeres, sino también con más espacios para que los científicos más jóvenes y los estudiantes de posgrado sean escuchados y apoyados.

Hoy, tenemos una ventana de oportunidad para lograr una nueva cultura en el CONACyT que se construya con la retroalimentación de las distintas comunidades científicas que cohabitan en México y también con la participación de la iniciativa privada, articulando políticas públicas eficientes para sustentar el desarrollo humano científico que requerimos en estos tiempos.

¿Produce bienestar la tecnología?  Claro que sí, países como Cuba, China o la India han hecho de la CTI un eje sustancial para su desarrollo, no sólo en términos de la mejora en la calidad de vida de sus ciudadanos, sino en la exportación de sus conocimientos y productos, contribuyendo así a una economía con alto valor agregado que sustenta un desarrollo social favorable.

Les puedo decir muchas cosas más, pero mejor hagamos un ejercicio. Desaparezcan en este momento todo aquello en sus vidas que es un producto de la CTI (teléfonos, computadoras, refrigeradores, medicinas, etc.) y ahora traten de imaginar su nueva realidad.

Más allá de no poder jugar Fortnite, verán que los beneficios de la CTI son tangibles y contribuyen sustancialmente a nuestro bienestar. Lo interesante es que, a pesar de ello, muy pocas veces o casi nunca, exigimos al gobierno mayor inversión en CTI.

Nuestras exigencias ciudadanas se limitan a requerir beneficios tecnológicos, pero hemos obviado lo más importante, exigirle al gobierno invertir en aquello que los hace posibles, es decir en sus científicos. No olviden que, en la base de cualquier beneficio tecnológico, hay científicos que lo hacen posible, exijamos que cuenten con las condiciones laborales justas y los apoyos necesarios para cumplir con su misión.

¿Cómo debemos obtener tecnología? Una forma es adquirirla de aquellos países que la desarrollan y la otra es desarrollarla nosotros mismos, es decir invirtiendo en empresas mexicanas de base tecnológica, públicas o privadas.

En términos reales no hay país que haga una u otra, al final se avanza con contribuciones mutuas, pero lo inteligente es tener un balance adecuado que permita consolidar una soberanía científica y tecnológica, es decir que tengamos una capacidad comprobada para poder desarrollar la tecnología prioritaria para prosperar y enfrentar nuestros principales retos, sin depender de transnacionales o de gobiernos extranjeros.

Aún no somos soberanos en esta materia, un ejemplo fue la pandemia de influenza en el 2009, donde al no tener las capacidades de producir vacunas en México (porque fue desmantelada), quedamos en manos de transnacionales y gobiernos extranjeros, pagando un alto costo por ello. Aún en estos tiempos, la mayor parte de las vacunas que se aplican en los hospitales son compradas a compañías transnacionales, lo cual es grave en materia de seguridad nacional.

Ahora bien, el ejercicio de la austeridad republicana influirá en el camino que habremos de tomar. Les pondré como ejemplo la compra de medicamentos para el sector salud.

Si pensamos estrictamente en términos de austeridad, entonces compraremos lo más barato independientemente de la calidad, pero si la austeridad es ética, entonces compraremos lo más barato, siempre y cuando sea de calidad.

Esto último podría llevar a la compra de medicamentos de origen chino, hindú o cubanos, países que inteligentemente y desde hace varias décadas incrementaron su inversión en CTI, produciendo medicamentos de bajo costo, calidad comprobada e incluso innovadores.

¿Pero qué pasa con las capacidades nacionales? Bueno, es medular que apliquemos una austeridad republicana que fortalezca a la nación y que responda a una visión transformadora y no sólo ahorradora.

Por ello, es importante que el gobierno incremente su inversión para producir tecnología propia, no sólo trabajando con las empresas mexicanas de base tecnológica existentes, sino además estimulando y generando programas especiales que permitan que su número crezca.

Es en estas coyunturas prácticas que la austeridad debe encontrarse con un desarrollo sostenible para México, lo cual incluye contribuir a su soberanía científica y tecnológica, sin por ello menospreciar alianzas regionales con otros países como Cuba. No se trata de ahorrar por ahorrar, sino ahorrar para ser más fuertes.

El papel del Morelos científico podría ser clave para ello, hablaremos de eso muy pronto.

Por Dr. Iván Martínez Duncker

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