Quererse y amarse tal y como se es.

Por: Cielo

Hace pocos días una amiga subió una fotografía suya, a redes sociales. haciendo un posicionamiento político sobre la libertad de las mujeres para elegir sobre nuestros cuerpos y sucedió algo que suele suceder pero con una magnitud de carga de odio y descalificación increíbles, no dirigida a la causa que ella defendía sino a su cuerpo, si justo ese que ella  nombraba para poder tomar decisiones, las críticas fueron porque ella tiene sobre peso, y parece ser que para muchas personas el  que estemos gordas les da derechos para insultarnos, callarnos, burlarse y decirnos cualquier cantidad de ofensas, una inimaginables, pero sobre todo aquellas que se refieren a la sexualidad, cabe puntualizar que si observabas los perfiles de quienes propinaban los insultos, lejos estaban de pertenecer a los estereotipos impuestos de belleza, lo cual es muy superficial, pero para el tema del que les hablo pues una pensaría  que deben estar dentro de esos estándares donde juzgan de esa forma, todo este evento me puso a pensar en todos mensajes que desde la niñez nos inculcan, y si hay razones médicas que  podrían exigir que tengas un rango de peso para estar saludable, sin embargo no todas las personas con sobre peso están enfermas ni todas las personas delgadas son saludables y fuera del  campo  médico o  biológico, los  síntomas negativos que  la medicina atribuye  a  la  gordura  “traspasan“  las  barreras  de  lo  somático, repercutiendo socialmente, y los cuerpos gordos femeninos son negativizados y des-representados a través del poder discursivo de los medios de  comunicación, la discriminación contra la gordura se basa en la constitución mediática de un canon de belleza normativo, mediante el cual se construye un sujeto gordo inferiorizado en función de la reproducción del estatus social positivo vinculado a la delgadez, y su relación histórica a las clases privilegiadas. Este trato simbólico nocivo es probado a través de un análisis de la representación corporal femenina en los medios, en las muñecas, en el arte. La constitución simbólico-discursiva de las corporalidades femeninas se sustenta en dinámicas de poder patriarcal internalizadas, lo cual produce mujeres cuya insatisfacción  es resuelta ideológicamente en la ilusión consumista de poseer el cuerpo perfecto. Esta estigmatización corporal basada en una lógica oposicional entre delgadez y gordura provee al cuerpo gordo femenino de la capacidad política para denunciar la opresión de género implícita en los cánones de belleza. La  gordura  u  obesidad  en  hombres,  por  otro  lado,  carece  del  mismo estigma.  La identidad  de  género  masculina  no parecer  regirse  por  exigencias estéticas análogas a las que las mujeres deben someterse para validarse como tales. Las incomodidades físicas experimentadas por mujeres respecto de sus cuerpos podrían ser manifestaciones de los efectos provocados por la sujeción normativa que sufren, en tanto se les impide disfrutar de las mismas permisiones y libertades que los cuerpos masculinos en cierta medida sí poseen. Y bueno todas sufrimos discriminaciones por nuestro físico, pero no se puede obviar que unas son más extremas que otras, en definitiva creo que hay que darle una vuelta de tuerca a lo estético gustarnos como somos, Desarmando cualquier proporción irreal  del 90 60 90, las medidas «perfectas», las indicadas, las ponemos nosotras hay que reivindicar la dimensión de la diversidad corporal, pero también de género y sexual y como una apuesta política. Y cuando digo política me refiero a la vida misma. A hacer lugar no sólo para nuestros cuerpos y reclamar el goce de todos los derechos, sino también hacer un mundo mejor y más habitable para todos y todas. Y la próxima vez que pase por tu cabeza insultar a alguien por su apariencia física recuerda que la perfección no existe, que no eres policía de la belleza y que puedes lastimar de forma irreparable a alguien por un comentario superficial y banal, si quieres criticar a alguien por su aspecto hazlo frente a tu imagen en el espejo.

CIELO.

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