De política y troles – Paco Santillán

27

@pacosantillan

La construcción de la democracia moderna no se podría entender sin el desarrollo de mecanismos de comunicación como lo son las redes sociales. Bendita la hora en que nacieron y se convirtieron en un canal para expresar puntos de vista y desarrollar ciudadanía. Lastimosamente, no todo es bueno. También ha sido un canal de desfogue de frustraciones… un mecanismo de divulgación de calumnias y mentiras donde cualquier persona con tantito tiempo crea páginas cuyo único objetivo es atacar a quien no piensa como él. Y, si a eso le suman que esas personas tengan dinero para pagar “publicidad”, el resultado es un enorme poder para difamar en manos de personas dañadas y alteradas.
Hace unos días, por ejemplo, fui objeto (una vez más) de una campaña de ataques y calumnias en las redes sociales. Nuevamente, quienes tienen el dinero y el poder, realizaron todo un espectáculo en un video donde se metieron a mis redes para obtener material (que yo he publicado) y tergiversarlo para su uso perverso. Las páginas siempre son las mismas: Memes de Morelos, IMC y ahora Red de corrupción. En dicho video se afirmaban cosas sin sentido, insultando a mi familia y, con la tradicional voz de Anonymus, se afirmaban cosas burdas cuyo único afán era lastimar a mi persona y a mis seres queridos. Afortunadamente no lo lograron.

Durante el tiempo que pagaron para difundir su video, muchísimas personas llamaron para preguntar: ¿y ahora qué les hiciste que te están atacando de nuevo? Esta respuesta de la gente me hizo entender que, si bien es fácil difamar y calumniar en redes, cada vez es más la madurez y el entendimiento que la ciudadanía adquiere en el uso de las redes sociales. Ya no es tan fácil engañar al ciudadano. La respuesta inmediata y siempre vigente es: ¿de parte de quién?, principalmente cuando son videos o noticias con una notable producción. Es más, si fuera tan fácil engañar o manipular en redes, su evaluación no estaría en los niveles en los que se encuentran.

Bajo esta lógica, el debate es hacia dónde vamos con las redes sociales. Por supuesto que sería absurdo pretender regular estos instrumentos (como ellos mismo, sí, los del poder y dinero que difaman en redes) han solicitado. La tendencia inicial fue a sacralizar todo lo que se escribía en diferentes portales. Hoy, con mayor madurez, ya inicia una etapa de cuestionamientos sobre quienes están detrás de los ataques y surgen ya las interrogantes y dudas a lo que ahí desarrollan. Me parece que la siguiente etapa será el cuestionamiento constante de las publicaciones, el deterioro del mecanismo tradicional de difamación (me refiero al choteo del típico video con la voz de Anonymus, por ejemplo) y a una participación más documentada donde se evidencien casos complejos, pero con pruebas y, al mismo tiempo, un debate más profundo y de nivel para construir una democracia mas sólida y participativa.

Insisto, las redes sociales son parte de nuestra vida y nuestro mundo no se entendería ya sin ellas. Bien usadas, son extraordinarias para construir debate y mecanismos de reflexión… mal usadas son instrumentos de encono, de polarización… de división social.
De la misma forma, es importante tenerlas en su justa dimensión. Son un instrumento, no un fin en sí mismo. En política nada le gana al contacto con la gente, al trabajo y a los resultados constantes. Quienes crean que detrás de una página de Facebook construyen ánimo social: se equivocan. Quienes crean que con un ejército de troles y bots derrota y acaba con un adversario político: se equivocan. Quienes crean que tener 1,000 likes es aprobación: se equivocan y es tan iluso que en cualquier momento se va a desilusionar al ver tanto dinero en la basura por la falta de entendimiento del justo papel de las redes sociales.