Detrás de la Ciencia – Alzheimer, el asesino de cerebros.

Dr. Iván Martínez Duncker

La demencia es un síndrome que implica el deterioro de la memoria, del intelecto, del comportamiento y de la capacidad para realizar actividades de la vida diaria. Es una causa importante de dependencia, discapacidad y mortalidad. Es por ello por lo que la demencia ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud como una prioridad de salud pública. Se estima que 44 millones de personas viven con demencia en el mundo, cantidad que se triplicará para el 2050, siendo la mayor parte de estas demencias causadas por la enfermedad de Alzheimer. Esto representa un dato alarmante, no sólo para las personas afectadas directamente sino también por lo que implicará para sus cuidadores, sus familiares, así como para los sistemas de salud.

La enfermedad de Alzheimer fue descrita por primera vez en 1906 por el médico alemán Alois Alzheimer (1864-1915), razón por la cual lleva su apellido. Su destacada trayectoria como psiquiatra y en el estudio microscópico del tejido nervioso, le permitió realizar una amplia investigación sobre las causas de distintas enfermedades del cerebro. En 1906 en la XXXVII Conferencia de Psiquiatría del Sudoeste Alemán, presentó la comunicación «Sobre una enfermedad específica de la corteza cerebral», en la que describió una enfermedad diagnosticada en Augusta Deter, una mujer de 51 años y caracterizada por pérdida de memoria, desorientación, alucinaciones y finalmente muerte. Cuando el Dr. Alzheimer estudió el cerebro de Augusta, encontró que la corteza cerebral (la capa más externa del cerebro) estaba reducida (atrófica) y, además, que presentaba dos anomalías muy evidentes que se han convertido en los signos característicos del Alzheimer: las placas amiloides y los ovillos neurofibrilares.

¿Quién está en riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer? Todos lo estamos en mayor o menor grado. Se considera que la forma esporádica de Alzheimer, la más común, es causada por la presencia simultánea de varios factores de riesgo en un individuo y que principalmente incluyen la edad, los antecedentes familiares y la genética.

Así, el principal factor de riesgo para el Alzheimer es el envejecimiento. La mayoría de las personas con la enfermedad tienen 65 años o más. Por otra parte, las personas con padre, madre, hermano o hermana con Alzheimer tienen más probabilidades de desarrollar la enfermedad, lo cual indica la presencia de factores genéticos hereditarios. Respecto a ello, se han identificado que tener variantes de algunos genes aumenta la probabilidad de desarrollar la enfermedad, aunque tenerlas no determina de forma definitiva que vaya uno a desarrollarla. Un ejemplo es ser portador de la variante ε4 del gen APOE. Este gen puede presentarse en la población general en forma de tres variantes ε2, ε3 y ε4. Recordemos que, de cada gen, tenemos dos copias en nuestro ADN. Quienes portan una copia de la variante ε4 tienen 3 veces más probabilidades de desarrollar Alzheimer, respecto a una persona que no tiene esa copia, y si sus dos copias son del tipo ε4, entonces su riesgo aumenta 12 veces.

Otro ejemplo de la importancia de la herencia genética es el Alzheimer familiar de inicio temprano (30-50 años) que ocurre en < 0.5% de los casos totales de Alzheimer debido a mutaciones (anomalías en el ADN) en tres genes que codifican para: la proteína precursora amiloidea, la presenilina 1 y la presenilina 2. En esta forma familiar, las mutaciones garantizan que quienes las han heredado desarrollarán la enfermedad.

Por otra parte, se ha identificado que padecer de enfermedades como diabetes tipo 2, hipertensión arterial y obesidad, aumentan el riesgo de desarrollar Alzheimer. Es muy interesante que un factor común entre el Alzheimer, la diabetes y la obesidad es la resistencia a la insulina y alteraciones en el metabolismo de la glucosa en el cerebro, lo cual ha causado que algunos expertos propongan identificar al Alzheimer como la diabetes de tipo 3.

Se está realizando mucha investigación para desarrollar métodos que permitan calcular el riesgo para cada persona, basado en las características genéticas y acumulación de factores de riesgo. Esto ayudaría a realizar una mejor prevención y diagnósticos tempranos, abriendo la posibilidad a intervenciones más eficaces.

¿Cómo se presenta? Inician problemas cognitivos progresivos, particularmente afectando la memoria.

  • Perderse en un lugar conocido o repetir preguntas, no tener noción de la fecha u hora.
  • Problemas para manejar dinero y pagar cuentas.
  • Dificultad para leer, juzgar distancias y determinar color, puede manifestarse en accidentes vehiculares.
  • Dificultad para completar tareas en casa, trabajo u ocio.
  • Tomar malas decisiones (ej. regalar grandes sumas de dinero)
  • Colocar objetos en lugares equivocados y ser incapaz de ir hacia atrás para recordar donde se dejaron, incluso argumentar robo.
  • Problemas para seguir una conversación, cambiar la palabra de un objeto por otra.
  • Cambios en la conducta.

Es importante que, frente a estos datos se asista con un neurólogo. Si bien puede ser el inicio de Alzheimer, podría también ser causado por otras enfermedades, por lo que un diagnóstico médico es indispensable para establecer el diagnóstico preciso y el mejor tratamiento.

¿Por qué perdemos nuestro cerebro? La neurodegeneración avanza a tal grado que incluso compromete la función del organismo y causa la muerte en un promedio de 8.5 años a partir de la aparición de síntomas. Los depósitos anormales en el tejido cerebral de placas amiloides y ovillos neurofibrilares, conllevan a un proceso de neurodegeneración, es decir de pérdida de neuronas y del contacto entre ellas (sinápsis), causando una reducción en la cantidad y funcionalidad de tejido cerebral.

Las placas amiloides son acumulaciones de una proteína amiloide Aβ mal plegada. Estas placas causan disfunción de las neuronas, lo cual posteriormente causa, entre otras cosas, la formación de los ovillos neurofibrilares al interior de las células, los cuales estan compuestos de filamentos helicoidales formados por la polimerización de una proteína llamada Tau. Todo esto en su conjunto, atrae a las placas a células nerviosas especializadas en proteger a las neuronas, llamadas microglía. La microglía se activa alrededor de las placas y conduce a la secreción de substancias pro-inflamatorias, sin embargo, debido a que las placas amiloides persisten, ello conduce a una respuesta inflamatoria continua y a la destrucción del tejido nervioso.

Se ha observado que el mal plegamiento de la proteína amiloide puede ocurrir de 15 a 20 años antes de que aparezcan los síntomas clínicos. Esto es importante porque la proteína mal plegada puede ser encontrada de la sangre, abriendo la posibilidad de utilizar el estudio de esta proteína en sangre como un biomarcador que permita predecir el riesgo de desarrollar Alzheimer.

¿Se puede prevenir el Alzheimer?  Se ha mostrado que se reduce el riesgo de demencia al adoptar un estilo de vida caracterizado por ejercicio físico y mental, una dieta saludable (mediterránea) que evite la diabetes y la obesidad, así como dormir tiempo suficiente.

¿Cómo se diagnostica? A través de la evaluación médica y neuropsicológica, siendo particularmente clave la entrevista con el paciente y un conocido. Otros estudios en sangre y de imagen cerebral, permiten confirmar la enfermedad o identificar otras enfermedades que pueden mimetizar al Alzheimer, incluyendo otro tipo de demencias o incluso depresión.

¿Hay tratamiento? No hay tratamientos curativos, solo algunos que permiten mejorar los síntomas y reducir levemente la progresión. El tratamiento actual está enfocado a que la persona enferma pueda adaptarse de la mejor forma a la enfermedad y a su progesión (ej. movilidad, manejo de finanzas, planeación del futuro). Se han desarrollado muchos fármacos para intentar detener la progresión del Alzheimer, pero desafortundamente más del 99% no han funcionado en ensayos clínicos. No obstante, hay cientos de ensayos clínicos a nivel mundial realizando pruebas con nuevos medicamentos, particularmente dirigidos a reducir la formación de placas amiloides y de ovillos neurofibrilares, así como la neuro-inflamación asociada.

Esperemos que pronto tengamos éxito con algunos de estos tratamientos en estudio y que se pueda detener esta grave amenza a la salud pública y al bienestar de nuestra población.

Sugerencias o comentarios:

cienciamorelos@gmail.com

(twittter: @dunckerUAEM)

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