Detrás de la ciencia – Ciencia e inmortalidad: el camino a Shangri-La

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DEL DR. IVÁN MARTÍNEZ DUNCKER

Vivir más o ser inmortal es una ambición que ha acompañado al ser humano desde sus orígenes. Las primeras respuestas para satisfacerla provinieron de las religiones, albergando la promesa de una vida después de la muerte. No obstante, sin evidencias de que esto ocurra, los seres humanos recurrieron a la ciencia, una estrategia que ha dado muy buenos resultados.

 

Los desarrollos tecnológicos para enfrentar el cáncer o a las enfermedades infecciosas (ej. antibióticos, vacunas, quimioterapia) son algunos ejemplos tangibles de como hemos logrado incrementar la esperanza de vida. Fíjense que espectacular, en 1770 la esperanza de vida estaba un poco por debajo de los 30 años, mientras que ahora, 250 años después es de un poco más de 70 años. Esta tendencia continuará, solo que ahora tenemos que resolver el problema global de mejorar la calidad de vida en la tercera edad y que nuestra longevidad no se convierta en un martirio.

 

Se estima que en el 2050, 1 de cada 6 personas tendrá más de 65 años (ONU). Así que tenemos mucho trabajo para llegar pronto a Shangri-La, un lugar ficticio descrito en la novela “Horizontes perdidos” que hace referencia a un monasterio tibetano en las místicas montañas de Kunlun, donde se goza de felicidad y de vida por cientos de años. ¿Es posible Shangri-La? Sí, a través de distintos avances tecnológicos hemos incrementado sustancialmente la esperanza de vida, no obstante, la utopía de Shangri-La se impone como una meta que conforme nos acercamos, continúa alejándose, exigiéndonos mayores esfuerzos para extender aún más la vida e incluso alcanzar la inmortalidad.

 

Ahora bien, querer vivir más nos obliga a reflexionar sobre el porqué morimos, alguna razón de peso habrá ¿no? El biólogo evolucionista Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta” escribe “Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células.” ¿A que se refiere? Pues miren, nuestro material genético o ADN está conformado por miles de genes, cada uno con instrucciones para producir una proteína específica que hace posible nuestro funcionamiento, las proteínas son como los engranes que permiten funcionar a un reloj. Por ello, dependiendo de las particularidades y combinaciones de nuestros genes (lo cual nos hace únicos), se determinará si somos aptos para superar los retos del medio ambiente y reproducirnos. Si eso ocurre, nuestros genes pasarán a nuestra descendencia, en caso contrario, perecerán con nosotros, un proceso llamado selección natural.

 

Denominamos metafóricamente “egoístas” a nuestros genes porque su misión es perpetuarse, solo sirviéndose de nuestros cuerpos como reservorios temporales y que controlan para que los genes salten de un cuerpo a otro mediante la reproducción, fortaleciendo así a la siguiente generación. Así, por beneficio-costo, nuestros genes han optado por desecharnos y preferido invertirse en su propagación hacia nuevos y más fuertes reservorios, en vez de mantenerse en un cuerpo inmortal que pudiera de pronto morir por un accidente o un desastre natural, perdiéndose con el todo el acervo genético.

 

Por lo anterior, el tener integrada la información para reproducirnos y morir, asegura la inmortalidad de los genes a costa de la nuestra. Podemos suponer que este sistema natural es rechazado cada vez que extendemos nuestro tiempo de vida, lo cual nos tienta a sustituir cada vez más a la selección natural, tomando las riendas de nuestra propia evolución mediante la corrección y mejora tecnológica de nuestras células. A continuación, les comparto algunas tecnologías radicales en la frontera de la ciencia ficción que pretender extender nuestra vida y alcanzar la inmortalidad.

 

Extensión de Telómeros. En la reproducción, el óvulo de una mujer y el espermatozoide de un hombre se fusionan para crear la primera célula llamada zigoto. De ahí sucederán una continuidad de divisiones celulares que permiten generar los millones de células que nos forman. Así, a lo largo de nuestra vida, nuestras células continúan dividiéndose, permitiendo regenerarnos, sin embargo, esto no es un proceso infinito ya que llega un momento en que nuestras células ya no pueden hacerlo. Esta etapa es llamada senescencia y es la base del envejecimiento.

 

Una teoría que explica este fenómeno es que el ADN, cada vez que se duplica durante una división celular, sufre alteraciones en unas estructuras llamadas telómeros. Los telómeros forman parte de los cromosomas, que son la forma en que empaquetamos el ADN dentro de nuestras células. Cada vez que se duplica el ADN, un pequeño fragmento de los telómeros se pierde, recortándose en cada división celular, funcionando como un reloj biológico. Llega el momento en que son tan cortos que el ADN ya no puede replicarse, causando que la célula no pueda dividirse más y envejezca.

 

Debido a que se ha demostrado en diversos estudios que el acortamiento de los telómeros está asociado al tiempo de vida, diversas compañías están investigando como regenerarlos o evitar que se acorten. Este es el caso de Calico, compañía fundada por el Dr. Arthur Levinson, un científico de gran trayectoria, quien ha dirigido importante empresas tecnológicas como Genetech, Google y Apple. Así que estas no son fantasías, y si lo son, científicos muy competentes e inversionistas de alto calibre creen que sí es posible hacerlas realidad.

 

Criónica. Son un conjunto de tecnologías que pretenden suspender la vida mediante la congelación del cuerpo en nitrógeno líquido (-196 oC), preservando los tejidos en esas condiciones para que no se forme hielo y los destruya, un proceso llamado vitrificación. Así, aunque hoy no tenemos la forma de impedir la muerte por un accidente o una enfermedad, la criónica promete darnos el tiempo suficiente para esperar congelados mientras se desarrollan soluciones a nuestros padecimientos. Una de mis películas favoritas al respecto de este tema es la película Vanilla Sky, en la cual se combina la criónica pero con una consciencia activa que te permite vivir en una realidad virtual programada.

 

Medicina regenerativa. Una forma de mantenernos sanos es reemplazar los órganos viejos por nuevos, así que la ingeniería de tejidos se dedica a desarrollar la tecnología necesaria para producir órganos en el laboratorio y superar la limitada disponibilidad a partir de donantes. A esto se suman tecnologías que prometen regenerar nuestros órganos viejos mediante el uso de “células madre” que al ser inyectadas en la sangre, se dirigen a nuestros órganos viejos para repoblarlos con células nuevas y rejuvenecerlos. Les recomiendo la película Repo Men que muestra un mundo donde los órganos se pueden comprar a crédito y en donde también se sufren las consecuencias de no poder pagarlos.

 

Inmortalidad virtual. Estas tecnologías aspiran a desarrollar un cerebro humano artificial (una supercomputadora con inteligencia artificial) que permita “descargar” en ella nuestra consciencia, dejando nuestros cuerpos y asumiendo un “ascenso digital”. La principal limitación para ello es digitalizar nuestras memorias y transferirlas a una plataforma electrónica, para lo cual ha surgido la conectómica, una ciencia que se dedica justo a resolver ese problema, identificando las complejas redes de conexiones entre nuestras neuronas. Les recomiendo ver la serie “Altered Carbon” en Netflix o la novela “Mind Transfer” de Janet Asimov.

 

Como verán no dejamos de borrar las fronteras entre la vida y la muerte y aunque aspirar a vivir más tiempo es ambicioso, no deja de invitarnos a comprender que la finitud de la vida es también algo hermoso y un tesoro invaluable. ¿Qué ocurrirá en un futuro? no lo sabemos, pero esperemos que sea para el bien de la humanidad y que siempre se preserven la dignidad y el derecho a la identidad, siendo capaces de definir en completa libertad quienes somos, cómo queremos vivir y hasta cuando.

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