Detrás de la Ciencia – Ciudades inteligentes para el bienestar 07-Enero-2020

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Pocos podrán decir que al salir de casa son recibidos por una ciudad que contribuye a su salud y bienestar. A la ciudad frecuentemente la enfrentamos y más que ser una fuente de bienestar, lo es de enfermedad. Sus habitantes vivencian las inequidades y sufren un impacto mayor quienes tienen capacidades diferentes o recursos económicos limitados, bajo la premisa de que riqueza es bienestar y pobreza es enfermedad y marginación.

Esta terrible situación se acrecienta con una mayor migración a las ciudades y con gobiernos que tienen los mismos o menores recursos para mitigar las necesidades de sus habitantes, bajo una visión errónea de las administraciones públicas que no tienen intención de enfrentar la raíz de la problemática. Así, la falta de una planeación urbana sostenible es resultado de gobiernos que administran el caos. Lucrando, conteniendo y sustentando ciclos viciosos de intereses políticos y económicos de corto plazo, muy dañinos para el bienestar de las comunidades y generadores de desigualdad y violencia.

Evolucionar hacia ciudades inteligentes es repensar nuestras ciudades para salvar a nuestra especie y a nuestro planeta. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más del 55% de los 7.5 billones de habitantes viven en ciudades, las cuales aunque solo cubren el 3% del territorio, contribuyen al 70% de la economía mundial. Las ciudades tienen un alto impacto en la sostenibilidad: 60% de la energía es consumida en las ciudades y 70% de las emisiones de invernadero y deshechos son producidas. Esto se complicará. Para el 2050, esperamos más de 10 billones de habitantes en el planeta, 80% de ellos viviendo en las ciudades.

Dar este paso no es exclusivo de Ámsterdam, Londres o Singapur, nos corresponde la misma responsabilidad compartida en Cuernavaca o Cuautla, pero erradiquemos, de una vez por todas, la noción de que a lo más que podemos aspirar aquí es a sobrevivir o a mantener las cosas tal y como están.

¿Qué es una ciudad inteligente? De acuerdo a la Dra. Paola Dameri de la Universidad de Génova, una ciudad inteligente es un área geográfica bien definida, en la que altas tecnologías como la tecnología de la información y de la comunicación, logística, producción de energía, y así sucesivamente, cooperan para crear beneficios para los ciudadanos en términos de bienestar, inclusión y participación, calidad ambiental y desarrollo inteligente; estando gobernada por un conjunto bien definido de sujetos, capaces de estipular las reglas y políticas para el gobierno y desarrollo de la ciudad.

Crear estos ecosistemas urbanos no significa solamente hacer accesible la tecnología a los ciudadanos, sino que también se eduquen para utilizarla a favor del bienestar, por ejemplo, no sólo se trata de poner más zonas de Wi-Fi gratuito, sino que aprendamos a utilizar el internet para lograr bienestar y prosperidad, no para aislarnos o lastimarnos. Una digitalización sin dirección puede ser profundamente destructiva. Así, una ciudad digital puede no ser inteligente, pero cualquier ciudad inteligente será digital.

¿Qué hace falta? Crear ciudades inteligentes requiere de inteligencia humana para definir una visión y un compromiso para concretarlas. Necesitamos empezar por entender que no merecemos las ciudades que tenemos y que el estancamiento del desarrollo urbano no es un logro, es el preludio de la extinción.

Aunque hemos perdido mucho, en Morelos podríamos desarrollar ciudades inteligentes. Tenemos una sociedad arraigada a la defensa de la tierra y una alta concentración de comunidades científicas multidisciplinarias de alto nivel que podrían ser aliados de la iniciativa privada y del gobierno en la definición de estrategias inteligentes para tecnificar a nuestras ciudades y comunidades, bajo un eje de bienestar, responsabilidad social y prosperidad económica sostenibles; desde una política sustentada en la ciencia y no en la ocurrencia. Pero hace falta visión y una cultura que la enarbole.

A continuación, les comento algunos principios para realizar la transición a una ciudad inteligente, propuestos por la Dra. Anu Ramaswami de la Universidad de Princeton.

Enfocarse en proveer una infraestructura innovadora y básica para todos. Es importante llevar agua, energía, saneamiento y transporte de calidad a todos. Las implementaciones tecnológicas no siempre tienen que ser de alta complejidad o costo, en muchas ocasiones, soluciones simples pero innovadoras, adaptadas a distintos contextos socioculturales y ambientales pueden lograr el acceso universal a los beneficios tecnológicos.

Perseguir mejoras multisectoriales y multiescalares con atención a la desigualdad. Las ciudades están conformadas de distintas heterogeneidades que necesitan ser consideradas para identificar múltiples necesidades y desigualdades. Por ello, las ciudades requieren de múltiples redes de soluciones. No podemos crear una sola solución para todo ni para todos, en general cuando esto se persigue, generamos discriminación y marginalización.

Enfocarse en sinergias para el uso eficiente de los recursos. Las ciudades consumen cada vez más materiales, requiriéndonos incrementar la eficiencia en el uso de recursos. Una propuesta para lograrlo son los sistemas avanzados de energía distrital, en los que se optimiza el uso de la energía a lo largo de las industrias, plantas de producción, edificios, transporte, agua, manejo de residuos sólidos y energía renovables. Imaginemos, por ejemplo, utilizar la energía térmica recuperada de plantas de tratamiento de aguas residuales o el enfriamiento en la profundidad de mares y ríos para suministrar calefacción o refrigeración a edificios.

Reconocer que hay estrategias diversas para el uso eficiente de los recursos en diferentes tipos de ciudades. No siempre podemos trasladar soluciones de una ciudad a otra o de una cultura a otra. Es importante crear y adaptar tecnología, en conjunto con la ciudadanía y expertos locales, para desarrollar las soluciones ideales adaptadas a un cambio cultural. Esto evitará errores técnicos y tensiones sociales derivadas de una falta de información y participación.

Decidir sobre el desarrollo de infraestructura local y de gran escala. Se necesita establecer un balance y sinergia adecuados entre el desarrollo de infraestructuras locales (ej. plantas solares domésticas) y de gran escala (ej. parques solares) para determinar la mejor eficiencia e impacto ambiental.

Reconocer la coevolución de infraestructuras e instituciones. Las ciudades inteligentes necesitan instituciones inteligentes y personal capacitado. De nada sirve, por ejemplo, dotar de sensores que permitan conocer la distribución y uso del agua cuando no hay personal que sepa recolectar datos, analizarlos y darles uso.

Crear capacidad y transparentar la gobernanza de la infraestructura. Las ciudades necesitan tener capacidad analítica, administrativa y política para implementar soluciones de alto impacto. Eso requiere de una organización gubernamental que tenga la suficiente fortaleza para implementar soluciones inteligentes y en alianza con la iniciativa privada y las instituciones científicas.

Urge que los gobiernos establezcan y cumplan, sin simulaciones, metas transexenales para desarrollar ciudades inteligentes, lo cual es una responsabilidad obligada para con el bienestar global. Podemos desde la organización civil crear ya hogares y comunidades inteligentes, pero no es suficiente, necesitamos implementar acciones de alto impacto en materia de sostenibilidad ambiental urbana en alianza con los gobiernos, la iniciativa privada, así como con las instituciones educativas y científicas. En Morelos podríamos lograrlo, ¿lo haremos?.

 

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