Detrás de la ciencia: Dr. Iván Martínez Duncker 26/06/19

Fer y las vacunas

Fer y las vacunas
Dr. Iván Martínez Duncker
Profesor-Investigador, Centro de Investigación en Dinámica Celular – UAEM

Diariamente mueren en el mundo 2,500 niños por enfermedades diarreicas (Centro para el Control y Prevención de Enfermedades CDC-USA) y el principal patógeno responsable es un virus llamado rotavirus. Por ello, una de las estrategias para evitar diarreas graves es llevar a nuestros hijos a vacunar. De hecho, una de las primeras vacunas que les es administrada los protege de la infección por rotavirus, con ello evitamos que tengan una diarrea grave e incluso mortal.

La vacunación ha sido una de las estrategias de salud pública más exitosas para reducir la enfermedad y la mortalidad, causadas por diversas bacterias y virus (si quieren llamémosles “bichos”). Esta estrategia se empezó a desarrollar desde el año 1000 en China para protegernos de la viruela y luego se innovó por Edward Jenner en Inglaterra en 1796, a partir de ello muchos otros desarrollos de vacunación se han implementado para protegernos de muchos diferentes tipos de bichos, salvando millones de vidas.

La vacunación consiste en enseñarle a nuestro cuerpo cómo se ve un bicho en particular, para que prepare defensas en contra de ellos y que, en caso de infección, pueda destruirlos rápidamente. El componente de nuestro organismo que aprende de la vacunación se llama sistema inmune, el cual es un conjunto de diferentes tipos de células que son responsables de detectar bichos que ingresan a nuestro cuerpo y destruirlos, manteniendo nuestro cuerpo libre de enfermedades infecciosas.

¿Pero cómo aprende nuestro sistema inmune de una vacuna?
Bueno, hay muchas estrategias, se pueden introducir a nuestro organismo estas bacterias o virus en forma atenuada, es decir vivos, pero sin capacidad de enfermarnos, o bien en forma de pequeñas piezas, obtenidas de la destrucción directa o sintetizados artificialmente en el laboratorio. Así, cuando vacunamos, es decir que administramos en la piel o por la boca estos componentes, lo que hacemos es enseñarle a nuestro sistema inmune que hay bichos que se “ven” de tal o cual forma – la verdad no tienen ojos, pero las células del sistema inmune si tienen sensores que les permite reconocerlos – y se los mostramos de una forma que no hace daño, permitiéndole al sistema inmune montar una defensa específica en contra del bicho, para lo cual produce anticuerpos (son las armas de destrucción masiva contra los bichos) y desarrollando “memoria”, es decir, las células del sistema inmune se van a acordar de eso que le enseñamos y déjenme les digo que tiene muy buena memoria, así como sus parejas cuando se portan mal. Así, si el bicho nos infecta en algún momento de nuestras vidas, entonces nuestro sistema inmune se activa y como ya tiene las defensas apropiadas, entonces podrá destruirlo con mucho mayor éxito que si no lo hubiera visto nunca. Por eso quienes no se vacunan, tiene grandes probabilidades de tener infecciones severas e incluso mortales, porque su sistema inmune no está al tiro y lo agarran desprevenido.

Hoy en Detrás de la Ciencia, conoceremos más sobre el Profesor-Investigador y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Dr. Fernando Esquivel Guadarrama, responsable del Laboratorio de Inmunología Viral en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y quien ha dedicado una gran parte de su vida a estudiar el sistema inmune y las vacunas.

Fer, ¿En qué estás trabajando actualmente y cómo sirve a la sociedad?
Actualmente enfoco mi investigación en el estudio de la respuesta inmune contra las infecciones virales, específicamente la infección por rotavirus y el virus influenza. Aunque en ambos casos ya existen vacunas, es importante que se siga investigando para mejorarlas y hacerlas más accesibles a la población. Lo que más me interesa es descubrir los mecanismos básicos por los cuales el sistema inmune combate a estos patógenos. Sin embargo, siempre está latente que lo que descubro sea aplicable para la producción de vacunas de nueva generación contra estos patógenos y que en el futuro puedan beneficiar a la población mexicana.
¿Cómo llegaste a ser científico?
Nací en el año de 1959 en el barrio de Tacuba de la Ciudad de México. Una constante de mi infancia y mi juventud fue la determinación de mis padres para que terminara una carrera profesional, pusieron todos los medios a su alcance para que lo lograra. Siempre pensaron que obtener un título profesional me iba a ayudar a realizarme en mi vida y no se equivocaron.
Después de terminar la prepa en la Escuela Nacional Preparatoria No. 4 de la UNAM, realicé la licenciatura en Biología en la Escuela Superior de Estudios Profesionales (FES) Zaragoza, UNAM. Siempre estuve atraído por lo fenómenos biológicos, pero haber leído el libro Cazadores de Microbios de Paul de Kruif en la secundaria fue decisivo para estudiar biología, además del gran ejemplo que tuve de mis maestros de biología, tanto en la secundaria como en la preparatoria. La motivación para seguir una carrera en investigación surgió en mi estancia de tesis de Licenciatura con el Dr. Benny Weiss. El Dr. Weiss me enseñó a realizar investigación científica en el laboratorio, siendo objetivo y ético en mi investigación y sobre todo al trabajo duro y continuo para lograr las metas propuestas. Desde ese momento entendí que dedicarse a las ciencias es lo más parecido al sacerdocio, es decir hay que entregarse en cuerpo y alma todos los días del año con jornadas de 10 a 12 horas diarias, sin importar si nos pagan bien o no. Esto explica un poco el porqué del poco involucramiento del gremio científico en la política, sin embargo, por los tiempos que estamos viviendo esto va a tener que cambiar.
Posteriormente, obtuve una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para realizar estudios de Doctorado en el NIMR-Mill Hill en Londres, Inglaterra y después gracias a un beca “Fogarty” pude realizar una estancia posdoctoral en los Institutos Nacionales de Salud en Bethesda, Maryland, EUA. Estas oportunidades me abrieron las puertas para conocer otros culturas y pensamientos y sobretodo especializarme con los científicos más renombrados de mi área.
Después regresé a México en 1992 como Investigador Asociado en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México, con la firme convicción de que tenía que retribuir a la sociedad mexicana el apoyo recibido para realizar mis estudios de posgrado en el extranjero. Al principio me arrepentí un poco porque me di cuenta que los gobiernos no tienen como prioridad el apoyo a la ciencia y los apoyos económicos siempre los tenemos que estar peleando, sin embargo, a lo largo de los años y ya estando en la Facultad de Medicina de la UAEM a partir de 1999, me di cuenta que una de mis grandes satisfacciones es formar estudiantes de licenciatura y posgrado de alto nivel que sean competitivos en sus futuras actividades. En pocas palabras, sembrar las semillas del futuro de la ciencia en México.
¿Qué retos ves para la ciencia y para que se valore tu trabajo?
El principal problema que enfrentamos los científicos es la falta de apoyos económicos para nuestras investigaciones, esto genera una baja en la productividad al no poder contar los insumos necesarios para los experimentos. Tenemos que luchar porque los gobiernos entiendan el valor de la ciencia, no solo en México sino en el mundo y que incrementen sustancialmente la inversión en ciencia, tecnología e innovación. La ciencia es nuestro principal vehículo al desarrollo sostenido (sino pregúntenselo a Corea del Sur y a China).
Hay una masa crítica de investigadores de alto nivel en el país, y especialmente en Morelos, que no ha sido aprovechada por el gobierno estatal y federal. Aunque en años anteriores ha habido intentos por vincular nuestro trabajo con la iniciativa privada, esto no ha funcionado correctamente porque no existe una interfaz entre el investigador y la iniciativa privada que promueva apropiadamente el posible impacto social de los descubrimientos en los laboratorios. Por otro lado, también se ha pretendido que el investigador se vuelva emprendedor y en la mayoría de los casos no ha funcionado. Por eso creo que los gobiernos y la universidades tienen que tener un grupo de expertos que realicen las tareas de vinculación y dejen hacer a los investigadores lo que mejor hacen, investigar.
¿Quién eres?
Soy una persona totalmente normal, casado y con dos hijos profesionistas. Aspiro a ser un buen investigador y un buen padre. Me gusta el futbol y el béisbol y soy chiva y tigre de corazón. Me gusta convivir con mi familia, con mis estudiantes y asistir a congresos para interaccionar con otros investigadores. Mi sueño es ver un mejor país, más equitativo y justo, pero no a través de gobiernos populistas y fundamentalistas, sino con gobiernos organizados, éticos y democráticos que nos puedan llevar a niveles más altos de desarrollo.

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