«El gasolinazo parece incendiar al país» la columna del Prof. Isaías Cano

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Por: Prof. Isaías Cano

Tal cual se observa el panorama en el país, la situación está que arde, la pradera estaba seca solo faltaba el cerillo para extender la conflagración la que hoy el gobierno de Peña Nieto no puede apagar ni con los manguerazos de agua, que así pudieran interpretarse sus fallidas apariciones públicas intentado defender decisiones convertidas en agresión desmedida a la economía popular en materia de políticas energéticas, concretadas en subir brusca e irreflexivamente el costo de energéticos como son las gasolinas, el diésel, la electricidad y el gas, siendo todo ello la gota que derramó el vaso del aguante de una sociedad que ha tolerado abusos que han rayado en verdaderos embates a sus derechos y principalmente a su economía y que ha soportado lo indecible; un conglomerado que parecía adormecido, apático y conformista.

Hoy esa masa de población, la que se pensó en los altos círculos del poder, soportaría mansamente una vez el atropello a su derecho a vivir dentro de márgenes de bienestar y dignidad se ha levantado contra quienes considera, no sus gobernantes que debieran procurar su buen vivir, sino sus verdugos, sus opresores y causantes de las peores tragedias en las que se debate el país.

Las grandes mayoría se hayan convencidas de que el actual gobierno priista y sus aliados del PAN y PRD, solo buscan mayor poder y mayores riquezas a costa del sufrimiento cada vez mayor de un pueblo que ha sido orillado a administra su pobreza.

La gota derramada ha sido el “gasolinazo” de enero ordenado por el presidente Enrique Peña Nieto una vez que los dóciles diputados del PRI, PAN PRD, PVEM, Panal, y PES le allanaron el camino avalando con su voto el proyecto enviado por el Ejecutivo para adelantar, con maña política, pensando en el 18, la liberalización del precio de las gasolinas.

No pocos piensan que si Peña Nieto no rectifica el alza del combustible o busca otras opciones que convenzan y tiendan a bajar lo encrespado del ánimo de la población hoy en rebeldía contra su mandato, no se sabría cómo gobernaría los dos años que le restan al frente de su administración.

Hoy mismo la gobernabilidad está perdida, la paz social se encuentra rota y por primera vez la unanimidad de la población se concentra en rechazar una imposición más que tiene al país en vilo, sin que valgan firmas de acuerdos o pactos entre cúpulas y políticos adictos al gobierno y al PRI para intentar que las aguas vuelvan su nivel.

Los agravios a la población no han sido ni menores ni pocos y el costo que el régimen priista está pagando puede ser de graves consecuencias en el futuro inmediato.