El virtuosismo y la conciencia social del tenor Javier Camarena en el Teatro Ocampo

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Sentada en primera fila durante la rueda de prensa que ofreció Javier Camarena, el nuevo fenómeno del mundo de la ópera, en el lobby del Teatro Ocampo, una reportera le preguntó:

—Después de haber alcanzado un éxito unánime en el circuito internacional, ¿qué le diría usted al Javier Camarena niño, el que creció en Xalapa?

Camarena, de frente a la mirada expectante de los medios, bajó la vista hacia la mesa sobre la que estaba recargado. Pensó en silencio un momento que pareció alargarse durante horas, y luego alzó la vista para decir:

—No dejes de soñar. Eso le diría. No dejes de creer en ti. Lucha por lo que quieres y lucha por lo que amas. No dejes de soñar.

Javier Camarena ofreció un magno concierto en el Teatro Ocampo de Cuernavaca el 20 de mayo a las 20:00 horas, el cual significó su primera presentación en esta ciudad en lo que va de su exitosa carrera como tenor. También fue el único concierto, de los cuatro que ya ha ofrecido como parte de la actual gira por su país natal, que vendió la totalidad del boletaje desde días antes de que el artista pisara la localidad. Para escucharlo se dieron cita importantes personalidades de la vida pública morelense, medios de comunicación, aficionados y amantes de la ópera. Con una voz de potencia tal que puede darse el lujo de prescindir de un micrófono, Javier Camarena llevó notas conmovedoras desde la planta baja hasta la última fila del segundo piso, sólo ayudado por su propio arrojo corporal y la elegancia interpretativa del maestro Ángel Rodríguez acompañándolo al piano. Su capacidad vocal excepcional quedó fuera de toda discusión después de ejecutar impecablemente obras como Vaga luna, Per pietá bell’idol mío y É servato a questo acciaro de Bellini, La donna é mobile de Verdi o L’ora del ritrovo de Donizetti (“una canción muy linda que habla de la tristeza, de la angustia, de la desesperación… de cuando vamos a salir a algún lado… y nuestras esposas no están listas”), empleada por él para imprimirle sus dotes histriónicos vocales y corporales, paseándose junto al piano adoptando la actitud de un sentido reclamo. Luego vino el intermedio, y para la parte final, cantó piezas de los grandes compositores de música mexicana, como Agustín Lara, Consuelito Velázquez, Tata Nacho y Armando Manzanero, quien también colabora en el disco del que se desprendieron dichas canciones: “Serenata”. Pero más allá de la atmósfera embelesada, cortesía del público, contrastando con la actitud desenfadada y bromista de un Javier Camarena impecable, fue la responsabilidad de su discurso lo que resonó con más fuerza en Cuernavaca.

“Cuando yo me fui de México no fue porque no tuviera estas oportunidades de trabajo. Yo quería seguir preparándome, y eso me llevó a otras cosas —dijo Camarena, también durante la rueda de prensa del día anterior, luego de que se le pidiera su opinión sobre el lugar que la ópera ocupa actualmente dentro del escenario cultural mexicano—. Se menciona mucho el bis que hice en el Metropolitan Opera House de Nueva York el año pasado, pero en el 2005, en el Palacio de Bellas Artes, ya había hecho un bis. En mi país, y ese fue el primero. (…) Es cierto que hace falta una educación artística en nuestras escuelas, mucho más completa. Estamos sumergidos, en nuestro país, en lo que los medios de comunicación masiva nos ofrecen. Y ninguno nos ofrece ópera, ni siquiera un pedacito. Ni partes siquiera de una sinfonía. Nada. Salvo el “Ave María” que sale en las novelas, y de repente. Los canales culturales del AM normalmente se oyen mal. Hace falta poner atención a eso. El arte, en todas sus expresiones, sensibiliza al ser humano. Y un ser humano sensible es un ser humano que se atreve a amar, y al amar, respetas. No nada más a ti mismo, respetas a los demás. Respetas tu entorno, y tu entorno significa tu comunidad, tu calle, tu colonia, tu ciudad, y eso es lo que necesitamos hoy en día en nuestro país: gente sensible. Alguien que es consciente, alguien que es sensible ante el dolor de los demás y ante lo que está pasando en su país, difícilmente va a ser parte de ello. Y más que ser problema va a ser solución. Eso es lo que necesitamos. Cuando regreso a mi país me invade un sentimiento de responsabilidad por cambiar las cosas. Es difícil, porque estamos acostumbrados. Y esa es la parte que debemos empezar a cambiar.”

Después de terminar su programa y salir del escenario, los aplausos del público lo trajeron de vuelta al escenario. Y una vez ahí, antes de ofrecer el primero de dos encores, dijo ante todos:

“Muchas, muchas gracias por acompañarme. Gracias por su presencia. Es en extremo importante el apoyo de todos ustedes hacia la cultura y las artes. Leí sobre los recortes presupuestales que se le han hecho a la cultura, a toda esta parte, que si no exigimos todos, todos, como comunidad, como ciudad, que se nos dé, podemos perderla… Si a  ustedes, de algún modo, el concierto les movió el alma, les levanto el espíritu, de alguna u otra manera, hay que apoyar a la cultura, hay que apoyar a las artes. Nosotros, como pueblo, debemos exigirlo. Gracias infinitas por estar aquí.” Al cabo de unos minutos salió definitivamente del escenario del Ocampo, ovacionado.

—Usted es de los pocos mexicanos que han puesto el nombre de nuestro país en alto a nivel mundial— se dijo en la rueda de prensa aquél día, antes de que Camarena concluyera:

—Te sorprendería saber lo muchos que son, y lo poco que se sabe de ellos. Un grupo de niños ganó una olimpiada mundial de matemáticas, pero ¿quién te lo dice? Isaac Hernández, por ejemplo, es bailarín principal en Holanda. Qué sabes de Rolando Villazón, Francisco Araiza, Alfredo Daza, Luis Chapa o de  Rebeca Olvera. No te suenan los nombres, y son cantantes mexicanos que están triunfando en las más importantes casas de ópera del mundo. No es que no haya. Es que no se informa a la gente de lo que somos capaces como mexicanos cuando nos decidimos a hacer las cosas. Y eso falta. Que se difunda todo esto. Que la gente conozca, que la gente sepa que los mexicanos valen muchísimo. Hace falta que México sepa que hay grandes mexicanos haciendo grandes cosas. Que sientas realmente el orgullo del lugar de dónde vienes y al que perteneces. Yo soy mexicano y esa será mi bandera siempre.

El próximo jueves 28 de mayo, Javier Camarena volverá a la capital mexicana para presentarse en el Auditorio Nacional.