¡Guayabazos! La impunidad y la normalización de la barbarie

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Por: Carlos Francisco Caltenco Serrano

El fin de semana pasado los morelenses nos estremecimos con la noticia de la violación y asesinato de una pequeñita de 6 años en la popular colonia La Carolina de Cuernavaca. La indignación creció con el paso de las horas y los días hasta que finalmente el pasado martes fue detenido el presunto asesino en Cuautla. La Fiscalía General del Estado de Morelos hizo un trabajo excepcional para ubicar al responsable lo cual merece nuestro reconocimiento, sin embargo, no es la constante. Por otro lado, entre la noche del martes 13 y el miércoles 14 de agosto, 5 personas fueron asesinadas, dos en Cuautla y tres en Jiutepec, uno de ellos policía. No hay día en Morelos sin que sepamos de algún asesinato, de alguna balacera o de algún “ajuste de cuentas” como suele llamarle la autoridad. Difícilmente veremos resolver estos casos con la misma prestancia que como se realizó la investigación y detención del asesino de la pequeñita. El mismo Fiscal Uriel Carmona ha señalado que la capacidad de la Fiscalía Morelos es limitada y que se da prioridad a los casos relevantes, como el ocurrido el sábado.

Sin duda, hechos como el ocurrido en la Carolina, o el asesinato de Mariana, la joven que fue abusada y asesinada por dos jóvenes estudiantes de la Prepa 1, reflejan el nivel de barbarie que estamos alcanzando como sociedad, pero es indudable que el hecho de que la gran mayoría de los homicidios dolosos que ocurren en nuestro Morelos no se castiguen y que quienes los ejecutan tengan una alta probabilidad de seguir en libertad, sirve de incentivo para que cualquiera, pueda cometer un crimen. La impunidad es pues una invitación abierta a delinquir. Estamos llegando a un nivel en el que los asesinatos a diario son lo normal, cuando deberían ser la excepción.

En una sociedad sana, donde la seguridad está garantizada para sus ciudadanos y en donde los crímenes se castigan ejemplarmente, los asesinatos son lo anormal. Saltan a la vista y escandalizan a la sociedad cuando ocurren. Pongamos como ejemplo, Yucatán, que es la entidad con la tasa más baja de homicidios en el país. Ocurre un homicidio cada diez días. La muerte violenta no es la normalidad. Un asesinato no pasa desapercibido y la sociedad lo resiente. La convivencia pacífica es lo normal en Yucatán. Pero en nuestro querido Morelos, donde se cometen 3 asesinatos diarios en promedio, ¡30 veces más que en Yucatán!, la violencia homicida comienza a normalizarse, a ser lo cotidiano, lo que nos acerca peligrosamente a la barbarie, a aquel estado de la sociedad humana en donde se aplica la ley del más fuerte, donde el que puede, roba y arrebata, lo mismo la vida, que la dignidad o las pertenencias de otro ser humano. Hacia allá nos dirigimos como sociedad por más que se encomienden nuestras autoridades a Dios Padre o por más que señalen que “no se vale” que una persona sea asesinada. Nuestros gobernantes, responsables del combate a la delincuencia, de la prevención del delito, de la procuración e impartición de justicia, no se dan cuenta que en su limitada acción, generan el caldo de cultivo propicio para la barbarie.

Nadie puede ignorar que hay hasta medios especializados en nota roja, que delatan todos los días, los delitos que se cometen en Morelos, cuando lo normal debería ser que la nota roja fuera ocasional en los medios en general. Y cuando la barbarie es lo normal, entonces sálvese quien pueda. No me imagino viviendo así.

La mayoría en Morelos somos gente de bien, pero la inacción de los responsables del sistema de impartición de justicia y de la seguridad ciudadana, provocan que la impunidad reine. Hace falta que la Comisión Estatal de Seguridad Pública haga su trabajo, que la Fiscalía del Estado investigue y resuelva los crímenes, hace falta que los jueces sean justos en la aplicación de las sanciones. En Morelos hemos visto como hay jueces que encarcelan a quien tuvo que matar a algún delincuente agresor por defensa propia, mientras que liberan a delincuentes confesos por el “extraño” extravío de evidencia.

Y luego estamos los ciudadanos que contribuimos también a construir este escenario de impune violación sistemática a la norma. Desde la simple acción de tirar la basura en la calle, estacionarse en lugar prohibido, hasta preferir pagar mordida en lugar de aceptar la infracción, reflejan que lo normal es precisamente el no respeto a la norma. Tan solo en Cuernavaca, 40% de los usuarios de agua potable no pagan su agua. De todos depende evitar que la barbarie se imponga en Morelos, que la violencia absurda se convierta en lo cotidiano. Depende del Gobierno Estatal y el Municipal, prevenir los delitos, de la Fiscalía investigarlos, de los jueces castigarlos. Pero también depende de los ciudadanos apegarnos a la norma. Insisto, somos más los que queremos vivir en paz en Morelos.

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