¡Guayabazos! – Ni balazos, ni abrazos… ¡mejor besos y autogoles!

Carlos Francisco Caltenco Serrano

El 16 de junio de 2011 Octavio Rodríguez Araujo escribió una columna muy oportuna en La Jornada que se llamó “Congruencia, poeta”. La columna iba dirigida a Javier Sicilia, en ese entonces dirigente del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. En esa columna, Octavio Rodríguez desnudaba al dirigente del MOPAZ cuestionando el por qué desconocía los acuerdos logrados como movimiento en Ciudad Juárez. Cuál era la razón por la que el poeta Sicilia había pasado del “Estamos hasta la madre”, consigna del movimiento, a pretender lograr un acuerdo con el gobierno de Calderón. Antes en Morelos, en los primeros días de las movilizaciones, multitudinarias por cierto, ya había pedido la renuncia de Marco Adame Castillo y había lanzado el planteamiento de la exigencia de la Revocación de Mandato, en el caso específico de Felipe Calderón, entonces presidente. Días después nos enteraríamos por los medios,  Sicilia terminaría de desfondar al MOPAZ al acudir al Castillo de Chapultepec y propinar un abrazo y beso al mismísimo presidente, causante de la “bestial guerra”, como suele llamarle el poeta, iniciada contra el narcotráfico.

Debemos recordar que el movimiento social surgido en ese mismo año en Cuernavaca, ante el hartazgo de la sociedad morelense por la inseguridad imperante desde que, unos meses atrás, en diciembre de 2010, fuera abatido Arturo Beltrán Leyva. Las células delictivas del Cártel de los Beltrán Leyva, sin la figura que les daba orden, iniciaron una guerra interna cruenta y algunos de ellos incluso, en su barbarie, asesinaron gente inocente que osaba simplemente molestarlos. Por ejemplo, quien siquiera cruzara la vista con algún capo de éstos en alguno de los bares que frecuentaba. Ese fue el caso del Julio de Jesús el Negro Radilla, quien finalmente resultó indiciado y esta preso, por el asesinato de Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta. Cuando se conoció la muerte de éste joven que por cierto era relativamente activo en algunas causas sociales, se desato un clamor en la sociedad morelense. En tres días, a través de las redes sociales, se convocó a la primera movilización que reclamaba que los gobiernos hicieran algo por detener los asesinatos y ejecuciones. Más de 30 mil personas se congregaron en la primera marcha y así surgió el movimiento. Muchas familias que habían perdido un familiar que nada tenían que ver con el narco, llevaban lonas. Predominaba el recordatorio y la indignación por los muertos inocentes como se les llamo entonces, entre ellos Juan Francisco.

Desde entonces, nunca más se recuperó la calma en nuestro estado. Y todos hemos perdido a algún ser querido. La espiral de la violencia creció y la muerte no ha sido para nada clasista, nos ha pegado a todos. A nosotros por ejemplo, nos fue arrebatada Gisela Mota en 2016. En aquellos días, comenté y escribí algunas reflexiones que socialicé con compañeros como el finado Nacho Suárez Huape y el Colectivo que le dio voz local, regional, nacional e  internacional al movimiento, Radio Chinelo.  Recuerdo que me preocupaba que cuando llegamos a la Ciudad de México había una especie de cinturón ideológico que proponía una conducta Ghandiana y que encapsulaba a Javier. Es justo cuando salió la Caravana de Cuernavaca a la Cd. de México que se incorpora Julián Lebarón y posteriormente, Emiliano Salinas. Recuerdo que cuando entramos a Tlalpan en el poblado de Topilejo, la solidaridad se volcó. Nunca faltó agua, comida, cobija y consuelo a lo largo del recorrido. Cuando la marcha promovió en la CDMX un pliego que en nada se parecía a lo que la sociedad morelense había manifestado, decidí ya no seguir. ¿Acuerdo? ¿Con uno de los que hizo la guerra? Y bueno, los ósculos dados a Felipe Calderón y a Manlio Fabio Beltrones después me confirmaron una cosa. Todo parecía indicar que a Javier Sicilia ya no lo movía la agenda del movimiento, agenda que por cierto, logró en los acuerdos de Cd. Juárez un gran programa para transformar éste país. Todo indicaba que Sicilia seguía la agenda del PRI.

Llama la atención que en el primer bimestre en que la Cuarta Transformación logra reducir los indicadores delictivos en su primer año de gestión, por cierto, datos proporcionados por el Semáforo Delictivo Nacional, síntesis hecha por Organizaciones Civiles que hacen seguimiento a la incidencia delictiva;  y luego de los crímenes cometidos contra la familia de Julián Lebarón, Javier Sicilia anuncia una nueva marcha dirigida a Palacio Nacional. Llama más la atención que en su carta dirigida al presidente Andrés Manuel, no toca el tema de Morelos, uno de los estados en donde la incidencia no baja, por el contrario sube. Por cierto, estado gobernado por el PES, partido construido en buena medida con el aval de Miguel Ángel Osorio Chong y varios priístas. Un estado en donde los gobernantes no hacen otra cosa que auto golearse cada vez que abren la boca para justificar su incapacidad ante la violencia. Cuando no tachan de psicóticos a los morelenses, de delincuentes a todas las víctimas por igual o cuando afirman que a la población en general no le afecta la violencia, pero siempre, hundiéndose más. Una pregunta válida para Javier es si propondrá un acuerdo a Andrés Manuel, porque ahorita exige un cambio de estrategia pero mañana quién sabe. La otra pregunta válida es si también pretenderá darle un beso y un abrazo y con ello terminar su marcha, porque de ser así, ¡qué hueva!

Poeta, congruencia, Juan Francisco y miles de víctimas inocentes lo merecen.

 

 

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