La columna de Día de Muertos del Poeta Lungo García

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Una de las costumbres que me sorprendió gratamente al llegar a este México lindo y querido, fue la forma tan especial y particular de esperar, homenajear y celebrar a los seres queridos que ya no están con nosotros. Esa fiesta del reencuentro me pegó fuertemente pues yo venía de una sociedad donde esta fecha se recuerda con mucha formalidad y respeto, de una manera mas bien lúgubre, entonces el contraste es mayor y de ahí mi asombro.

Para no hacerles el cuento largo, quiero compartir con Uds. Un hermoso artículo publicado por la querida y recordada Maestra Ericka Castellanos Moreno, que fuera colaboradora del Choro y que ahora anda sembrando sus amplios conocimientos por el sur del continente, mas precisamente en Chile.

Ella describe de manera clara y sencilla esta ancestral costumbre enraizada en el corazón del pueblo mejicano y, para que mas palabras. Vayamos al encuentro de sus hermosas palabras.

lunes, 31 de octubre de 2016 «Día de Muertos», entre la tradición y el recuerdo

Era noviembre. Hacía ocho meses que vivía en el norte de Chile. Un colega (chileno) entró a mi cubículo/oficina de la Universidad. Con un aire entre tímido y curioso me preguntó con mucho interés sobre el Día de Muertos en México.

Empecé a contarle algunos detalles de esta tradición que nos distingue en todo el mundo (aunque otras culturas, centroamericanas y del norte de Sudamérica tienen algunas prácticas similares, como los atacameños, por ejemplo). Le comenté que es algo que llama mucho la atención de los que no son mexicanos y que incluso esta celebración fue declarada en 2003 por la UNESCO, Patrimonio Cultural Inmaterial.

Le conté que desde pequeños nuestros padres nos enseñan a preparar un lugar especial en la casa para esperar que nuestros muertos nos visiten por un par de días: 1 de noviembre (los muertos niños) y 2 de noviembre (todos los muertos). (En algunas regiones del país, las actividades inician desde fines de octubre.) El «Día de Muertos» implica una muestra más del sincretismo, de tradiciones prehispánicas y del Cristianismo católico, así como un importante ritual, pero ante todo un reencuentro y una fiesta: aquella en la que nos preparamos para recibir, no un día sino varios, el regreso de aquellos que amamos.

¿De dónde regresan? Del mundo de los muertos, del Mictlán. Esta concepción de un mundo alterno en el que “habitan” las almas de los que mueren no es exclusiva de nuestra cultura; pensemos, por ejemplo, en la Antigua Grecia y el viaje de las almas al Inframundo. En nuestro país los tintes heredados de las culturas prehispánicas aportan una riqueza sin igual a esta tradición, en la que el motivo, reitero, no es la muerte sino el amor a los nuestros:

La tradición se conserva no sólo en las poblaciones del interior del país sino incluso en las grandes ciudades, como la capital. Es oportuno aclarar que, aunque hay una base que es común a todo el ritual en sí, la conservación y variantes de la tradición depende tanto de la región como de cada familia.

El recibimiento se da en las casas pero también se acude multitudinariamente a los cementerios, ese día se transforman ya no en lugar de descanso sino de música y fiesta, que se enmarca según las características propias de cada región. Destacan la de Mixquic en el Distrito Federal y la de Janitzio en Michoacán; una verdadera fiesta llena de multicolores ofrendas, signo del amor y del lazo que une más allá de la muerte.

De manera paralela, en las escuelas también se ponen ofrendas que a veces son temáticas o dedicadas a un período o personaje histórico o cultural del país.

El «Día de Muertos» es una fiesta en la que se tiene la convicción de que los muertos regresarán y tomarán lo que gustosamente se les ofrece. Y es precisamente la ofrenda, aunada al altar, una parte esencial, y llena de simbolismo, de este ritual que se repite año con año.

Los elementos básicos de la ofrenda son la «flor de muerto» o cempasúchitl, que con su color da un toque distintivo a esta temporada; las velas (que alumbran el camino); incienso o copal; el «pan de muerto» que sólo se prepara en esta época de año y que en sus adornos tiene alusiones al ciclo de la vida y la muerte, a los huesos, a las lágrimas, etc.; los adornos de papel picado.

En las ofrendas se colocan distintos alimentos que eran preferidos por nuestros muertos: agua y diversas bebidas: atole, mezcal, tequila, cerveza… Así como fruta diversa; platillos como mole, tamales, etc. Además, en algunas ofrendas se colocan objetos como juguetes, para los niños.

En algunas regiones del país, como en Tetelcingo, Morelos (lugar donde viví por casi siete años, antes de residir en Chile), se hace un camino con pétalos de cempasúchil: este camino va desde la ofrenda hasta la calle, al final del camino se dibuja una cruz que es el punto de partida, y en ella se les llama a los muertos, invitándolos a pasar porque se les está esperando en la casa con una rica ofrenda. Cuando está todo listo se hace el llamado de las ánimas, para ello se toma un puñado de pétalos de cempasúchil y acercándolo a los labios, se les llama por su nombre o con alguna forma cariñosa con la que los nombraban sus familiares. Es un momento vivido con mucho respeto.

También son distintivas las calaveritas de azúcar (además las hay de chocolate y de amaranto) y que simbolizan, junto con una fotografía, a cada uno de los muertos a los que se dedica la ofrenda, aunque también se le regalan a los que aún están vivos. En uno y otro caso, a la calaverita de dulce se le coloca en la frente el nombre del destinatario. (Una imagen representativa, no sólo en México sino en todo el mundo es la de «la Catrina», personificación de la muerte como una elegante mujer; esta representación se basa en un dibujo de José Guadalupe Posada.)

Y como parte de la tradición, en estas fechas se elaboran «calaveritas literarias» que son composiciones en verso, agrupados en tres o cuatro estrofas y en los que se relata, de manera chusca, el momento en que la Muerte (la Calaca, la Huesuda o como quiera nombrársele) llega para «llevarse» a algún personaje reconocido o a una persona cualquiera a la que esté dedicado el texto (y que está enmarcado en sus características y entorno); o bien para enfrentarlo con alguno de sus más grandes temores. Regularmente estas composiciones se dedican a personas que aún no han muerto y predomina el tono jocoso. (Sobra decir que a nadie «le asusta» ser destinatario de una de estas creativas «calaveritas literarias».)

Como puede notarse, el colorido, los olores y sabores, el simbolismo y la arraigada tradición hacen de estas fechas una verdadera fiesta. (A la que, tampoco puede negarse, se han sumado elementos del «Halloween», tal como lo viven en EE.UU.)

(Comparto la imagen de nuestra ofrenda de este año, y que adorna nuestra casa en un rincón del norte de Chile, a muchos kilómetros de nuestro país, pero muy cerca de sus tradiciones. El «pan de muerto» que en México puede comprarse en cualquier lugar, aquí fue preparado por nosotros mismos, ya que, como es natural, no hay otra manera de conseguirlo…)

He de reconocer que en algún momento de la charla con mi colega en la Universidad me sentí un poco extraña por lo que le estaba relatando con tanta convicción, ya que eso que es «natural» para nosotros, para otras personas no deja de ser, por decir lo menos, peculiar.

Pero, desde entonces y hasta ahora, mi familia y yo hemos repetido ese relato más de una vez porque son muchas las personas interesadas en conocer más a fondo, y de «viva voz» de unos mexicanos, lo que implica esta tradición, y aún más porque se ha difundido en una visión medio «gringa», sin ningún matiz despectivo, medio mexicana, a través de diversas cintas, entre ellas «El libro de la vida» (Del Toro, 2014) y «Spectre 007» (Mendes, 2015). Y nosotros lo compartimos gustosamente. Y, cómo negarlo, también con un toque agridulce de nostalgia, porque la carga emotiva de esa tradición es intensa, especialmente cuando se vive en la distancia.

Sin embargo, es una experiencia irremplazable que puede constatar cualquier mexicano que haya puesto una ofrenda (en compañía de sus hijos), sea en el territorio nacional o fuera de él; con los elementos básicos, supliendo o improvisando lo que no se encuentra en el lugar donde reside, colocando las imágenes de los miembros de su familia que ya están en otro plano existencial y que, mediante ese espacio colorido y simbólico que dedica en su hogar, da continuidad a una tradición y abre la puerta a un nuevo encuentro: a la fiesta en la que celebramos, agradecemos y recordamos la vida, eterna vida, de nuestros muertos.

Si te interesa utilizar algún dato de este texto o la totalidad del mismo, puedes citarlo de la siguiente manera:

Castellanos Moreno, Ericka. (31 de octubre de 2016).  Día de Muertos, entre la tradición y el recuerdo [Entrada en blog] En: Magistra sum (et mundi nihil alienum me est!) Recuperado en: https://magistrasumecm.blogspot.cl/2016/10/dia-de-muertos-entre-la-tradicion-y-el.html [Consulta: fecha en que hayas accedido a esta entrada)

Espero que la nota haya sido de su agrado. Ahora me despido con una travesura mía en forma de CALAVERAS:

Muerte me llaman y voy llegando / tranquila por el camino

Solita vengo escuchando / a los del Choro Matutino.

La pasan muy divertido /según a mi me parece

Y por algo yo he  venido / a llevarlo al Juanjo Arrese.

La Catrina muy sonriente / al Vasco se lo llevó

Y el Atlétic Cuernavaca / con uno menos se quedó.

Cuando lo tenga frito / lo pongo con el montón.

Vuelvo y la llevo a la Viri / y la dejo en el panteón.

No habrá pelea ni riña / en esta linda redada

Pues ya me llevo a la niña / de la alegre carcajada,

Cuando la Viri se ríe / nos alegra el corazón

Por eso yo me la llevo / para alegrar el panteón.

Paco Santilllan no se salva / aunque vino muy florido

Lo mismo lo he de llevar / a su panteón preferido.

Y no es que me haya olvidado / de Mauricio el productor

Tiene un lugar reservado / en una tumba que es un primor.

En su gira la huesuda / se lleva al Profe Isaías Cano de un aventón

Y lo regresa en forma ruda / pues dice que es muy gruñon.

 Mi sombra me anda siguiendo / desde que empecé a caminar

Y si la Flaca me lleva / ¡pobrecita ¡ con quien va a andar.

Calaca si me estas buscando / tranquilo te he de esperar

En el Choro Matutino / yo he venido a declamar.

Huesuda… ya me despido con poesía / te lo digo sin temor

Yo soy el Lungo García / y te dejo mis versos con mucho amor.

 

Es todo por ahora, será hasta la próxima entrega.