La columna de Lungo García, el poeta del Txoro Matutino

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Cuando llegué a este hermoso país traía algunos conocimientos sobre su historia, la gran cultura precolombina, sus enormes obras arquitectónicas y, sobretodo, su literatura, sus poetas y la enorme cantidad de obras dejadas para la posteridad.

Entre tantos autores, hubo uno que me llamó la atención y me cautivó su poesía y me refiero a Jaime Sabines. Este chiapaneco me emocionó con su profunda sabiduría y el tratamiento a distintas temáticas, de una manera simple y sencilla que llegan al corazón de una forma directa.

No me quiero explayar demasiado sobre su trayectoria ya que es sumamente conocida y no es el cometido de esta nota, pero si debo resaltar la inserción  popular que tiene dentro de la poesía de este país y que trascendió largamente las fronteras.

Entre las poesías que más me impresionaron figura una en primer lugar, sin desmedro de otras, y es “Me Encanta Dios”.

Me gusta porque nos pone a un Dios más terrenal, coloquial y más cercano, como algo tangible y al alcance de la mano en lo familiar, en lo físico y filosófico. Tanto es así que me decidí a incluirlo en mi repertorio y le tengo grabado en uno de mis CD.

Quiero compartir con ustedes esta belleza con la esperanza que los emocione como lo hizo conmigo.

ME ENCANTA DIOS

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida, sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang… Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.

Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

Esto sería todo por ahora. Espero que lo disfruten. Hasta la próxima entrega,

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