La vacuna Patria ¿100% mexicana? No, pero…

Detrás de la Ciencia – Dr. Iván Martínez Duncker

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El pasado 14 de abril, la Dra. María Elena Álvarez-Buylla, directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), presentó en la mañanera la Vacuna “Patria”. Este es un paso en la dirección correcta para el fortalecimiento de la producción de vacunas en México, sin embargo, es importante considerar que, aunque es una mucho mejor iniciativa que solo envasar vacunas enviadas desde el extranjero, no fue correcto afirmar que es una vacuna 100% mexicana. Ello nos distrae del objetivo supremo al que debemos aspirar y que es contar con una vacuna soberana que cumpla con los requisitos mínimos de haber sido diseñada y producida por mexicanos, pero también ser propiedad del Estado mexicano. “PATRIA” no lo es.

La tecnología de “PATRIA” se basa en la modificación mediante ingeniería genética de un virus que infecta aves llamado Newcastle para convertirlo en un “vector viral”, este vector una vez que entra en forma de vacuna a nuestro cuerpo, ya sea por vía nasal o intramuscular, causa que se produzcan grandes cantidades de la proteína S del virus SARS-CoV-2, una parte externa del virus que le permite unirse a nuestras células e infectarlas. Así, la presencia de esta proteína S viral en nuestro cuerpo, pero sin el resto del peligroso virus SARS-CoV-2, permite a las células de nuestro sistema inmune reconocerla, memorizarla y así poder actuar con mucha potencia para destruir al virus SARS-CoV-2 en caso de que ingrese al organismo. Es como cuando a los policías les dan una ficha informativa de un delincuente, con su foto y pormenores, permitiéndoles identificarlo en la calle y aprehenderlo exitosamente. La proteína S es la foto del delincuente y las células del sistema inmune nuestros policías.

Paradójicamente, las tecnologías de “PATRIA” son propiedad de instituciones estadounidenses, tanto de la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai y de la Universidad de Texas, así como de sus co-inventores, ninguno mexicano. Las licencias de uso de estas tecnologías para producir la proteína S fueron obtenidas por Laboratorios AVIMEX, tal como las han adquirido otras empresas en Tailandia, Vietnam y Brasil.

AVIMEX es una empresa farmacéutica veterinaria, experta en producción de vacunas y de capital 100% mexicano, la cual cuenta con gran reconocimiento. Las licencias de uso permiten a AVIMEX usar las tecnologías a cambio de una compensación financiera por el uso de los derechos concedidos, más no supone que se convierta en dueño de ella, permaneciendo su propiedad en manos del licenciante (co-inventores, Mount Sinai y Universidad de Texas). Por lo que queda claro, que no es propiedad del Estado Mexicano, lo cual es un requisito indispensable para reconocer la soberanía de una vacuna. No obstante, hay que mencionar que la aplicación de estas tecnologías en México está liderada por el Dr. Constantino López Macías, un reconocido investigador del Instituto Mexicano del Seguro Social y otros investigadores mexicanos que participarán en fases posteriores de su desarrollo.

Además, al desarrollo de “PATRIA” se suma la empresa Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México S.A. de C.V. BIRMEX, una empresa de participación estatal mayoritaria que fue reducida desde administraciones pasadas a la comercialización de vacunas. BIRMEX es un residuo de lo que quedó del desmantelamiento de una potente capacidad soberana para producir vacunas y que alcanzó su apogeo de reconocimiento internacional en los 70s, capacidad que fue  gradualmente desmantelada a partir del gobierno de Carlos Salinas de Gortari y que hoy nos condena a ser un país dependiente de empresas transnacionales e intermediarios monopólicos para surtirnos de vacunas. Por ello, la alianza público-privada BIRMEX-AVIMEX es un gran paso para restaurar la producción nacional de vacunas y ser un modelo para alianzas similares en otros productos tecnológicos farmacéuticos. No obstante, no quedan claros los términos de esta alianza, por ejemplo, el grado de control que mantendrá el gobierno mexicano sobre la producción de esta vacuna, por lo que insisto, no se puede hablar de que sea una vacuna soberana.

Una mención importante en la presentación de “PATRIA” es que se está gestando el Laboratorio Nacional para el Desarrollo de Nuevas Vacunas en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Por ello, el pasado 14 de diciembre se nombró director de dicha institución al Dr. Arturo Reyes Sandoval, experto en diseño de vacunas, aunque en su presentación oficial como director, no fue mencionado el objetivo prioritario de su nombramiento. Por lo expresado por el Dr. Sandoval se entiende que en este nuevo laboratorio se desarrollarán nuevos proyectos de vacunas mexicanas, desde su diseño hasta su producción, garantizando con ello su soberanía. No queda claro cómo la alianza AVIMEX-BIRMEX estará articulada a este laboratorio del IPN, ni los pormenores de su funcionamiento o de su sinergia con los actuales proyectos de vacunas mexicanas que no fueron contemplados por el CONACyT. Este es uno de muchos ejemplos que evidencian la opacidad de la estrategia del gobierno federal para restaurar la producción soberana de vacunas; tal vez no la hay, tal vez no hay suficiente seguridad en cómo lograrlo, resultando en lo que parecen decisiones opacas y fragmentadas que considero no abonan al fortalecimiento de la soberanía científica y tecnológica de México.

Aunque las tecnologías de “PATRIA” no sean propiedad de los mexicanos, tampoco podemos denostarla o minimizar la importancia de su desarrollo, ya que para su producción se están integrado valiosos recursos humanos científicos nacionales que prometen potenciar las capacidades tecnológicas del país para la producción de vacunas. Esperemos que en el corto plazo ello permita, ahora sí, una producción soberana, es decir, hecha por mexicanos y propiedad de todos los mexicanos. Les deseamos mucho éxito.

Considero que el lograr una vacuna “100% mexicana”, requiere de una política pública clara por parte del gobierno federal que sustente las decisiones que se están tomando respecto a apoyar o no, tal o cual proyecto, ya que también causa malestar en las comunidades científicas nacionales que se apoye prioritariamente a “PATRIA” que no es soberana, mientras que se ignoran, marginan o tímidamente apoyan otros desarrollos vacunales que sí pueden serlo, sin dar cuenta pública del porqué. Por ejemplo, Cuba tiene una política pública clara al respecto y ha mostrado gran eficiencia para articular todos sus talentos, instituciones científicas y empresas. No hay que inventar el hilo negro, mientras en México presumimos una sola vacuna ¡Cuba tiene 5 candidatos vacunales!

Miren, la producción de vacunas soberanas debió apuntalarse sólidamente desde el inicio de la pandemia, desafortunadamente se priorizó la compra de vacunas, liderada por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). Cabe destacar que la SRE ha mostrado gran capacidad diplomática para adquirir vacunas, pero también ha tenido sensibilidad para impulsar su desarrollo y producción en México, aunque pareciera que no siempre de la mano del CONACyT ¿Qué pasará? ¿Se llevan mal? ¿Teléfono descompuesto? ¿Diferencias ideológicas al interior de la 4T? No lo sé, pero el CONACyT, la SRE y la Secretaría de Salud (la que menos pinta en el tema), deben al pueblo de México un trabajo conjunto que movilice a las comunidades científicas, de forma abierta y transparente, pero sobre todo de cara a la sociedad. Que las decisiones se tomen con rigor técnico para definir a quien se está apoyando y porqué, sobre todo cuando hay asignaciones directas de millones de pesos que no pasan por convocatorias públicas. No porque sea incorrecto apoyar directamente, sobre todo en un tema tan urgente, sino porque es necesario erradicar cualquier elemento que señale posible corrupción o tráfico de influencias.

El interés público siempre debe ser protegido de intereses mezquinos que marginen a las instituciones científicas y a sus talentosos investigadores para aportar soluciones a favor de la salud de los mexicanos; no pueden ser toleradas conductas en ese sentido que provengan de servidores públicos o de grupos de científicos que pelean por recursos (sí, también somos humanos y hacemos eso). Una premisa suprema es que el uso de recursos públicos sea justificado, óptimo, transparente y responsable, capitalizando al máximo el talento mexicano disponible y garantizando el derecho constitucional de nuestro pueblo para beneficiarse de él y de sus frutos. En esto último no hay científico que sobre ni mexicano que no lo merezca.

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