«Manhattan, la isla que nunca quedará desierta» la columna del Arq. Enrique Rodríguez

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Por: Enrique de J. Rodríguez Escudero.

“Esos edificios, al aumentar en número, empobrecen a la ciudad, moral y espiritualmente. (…) Eso no es democracia, es salvajismo. Muestran la glotona caza del dólar sin pensar en nada más bajo el cielo o sobre la tierra. (…) Esas estructuras son profundamente antisociales y de ese modo deben ser valorados. Esos edificios no son arquitectura sino delincuencia y sus autores criminales en el auténtico sentido de la palabra.” En estos términos explicaba el proceso de crecimiento inmobiliario que ocurría en la isla de Manhattan hacia los años 20, el gran Louis H. Sullivan, uno de los principales representantes del famoso movimiento arquitectónico de finales del s. XIX en Norte América: “La Escuela de Chicago”.

Desde entonces y hasta nuestros días, el fenómeno no se ha detenido un instante, Manhattan es el distrito más visitado del Estado de Nueva York; le rodean Brooklyn, Bronx,  State Island y Harlem. La isla es muy famosa por ser el lugar sobre el que se desplantaron los primeros rascacielos del mundo. Organizada a partir de una retícula ortogonal que queda definida por las calles que corren de este a oeste y las avenidas que van de norte a sur.

El distrito es además el centro financiero de la ciudad y ubica a los cuarteles generales de muchas corporaciones importantes, como la ONU, además claro, de prestigiadas universidades; acá también encontramos un número muy importante de  atracciones culturales incluyendo museos como el MoMA (Museo de Arte Moderno), el maravilloso Museo Guggenheim de Frank Lloyd Wright, el Museo Whitney con sus dos sedes, la primera sobre la glamurosa Park Avenue y diseñado por el alemán Marcel Breuer y la de muy reciente inauguración diseñada por el gran Renzo Piano, se agrega a la lista de recientes The New Art Museum de los japoneses SANAA.  Están también los clásicos Metropolitano y de Historia Natural que complementan un cuadro extraordinario que recopila la historia del arte del mundo entero de todos los tiempos.

Están también los teatros de Broadway, el Greenwich Village y el Madison Square Garden y para el momento de solaz y tranquilidad el fantástico Central Park, un rectángulo verde de 4 kilómetros de largo por 800 metros de ancho y que junto con su lago artificial, funciona como el gran pulmón de la isla. Resulta maravilloso poder ver a turistas y locales disfrutando de las bondades de este gran espacio lleno de vegetación; diseñado a mediados del s. XIX por Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux es una auténtica joya del concepto inglés de la “ciudad jardin”.

Manhattan se divide básicamente en las regiones de Lower, Midtown y Uptown. Uptown Manhattan está dividido por el Central Park en Upper East Side y Upper West Side, y al norte del parque, recibe el nombre de Harlem.

Es prácticamente imposible caminar por las calles de Manhattan manteniendo la cabeza abajo, de manera inercial los ojos suben por las esbeltas y enormes fachadas que rematan con todo tipo de sorpresas, sofisticadas terrazas jardinadas, modernas antenas de comunicación o simplemente un espectacular pent house.

Ya refería yo líneas arriba que los rascacielos son parte fundamental del skyline de Manhattan, en la lista los hay clásicos, sofisticados y muy elegantes; en este rubro yo destacaría dos: El maravilloso “Flatiron Building” llamado así porque quienes vieron el inicio de las obras por allá del año 1902, decían que se parecía a una moderna plancha que anunciaban como el último grito de la tecnología y es que el Edificio Fuller como realmente se llamaba, como consecuencia de su emplazamiento, posee una curiosa planta triangular que obedece a los trazos de la manzana que forman los cruces de las avenidas Quinta y Broadway y que a su vez rematan en la calle 22; el Flatiron fue diseñado por el arquitecto Daniel Burnham y puede ser ubicado dentro de la corriente que conocemos como Beaux Arts, sus fachadas de cantera acusan claramente tres cuerpos en el sentido horizontal y por su estructura de acero la planta triangular se eleva a lo largo de 87 metros de altura situación que lo coloca dentro de los primeros rascacielos del mundo. Otra joya arquitectónica en este mismo rubro es sin duda el Edificio Chrysler, obra del arquitecto William Van Alen, con uno de los remates más espectaculares y representativos y sus gárgolas de acero inoxidable es un magnífico representante del movimiento Art Déco. Concluido en 1930 el Chrysler con sus casi 320 metros de altura fue rápidamente superado por el Empire State que en 1931 elevó su antena hasta los casi 445 metros de altura, desde la óptica de su servidor este no es ni remotamente cercano en belleza al Chrysler pero sí muy imponente por su estructura resuelta a partir de la yuxtaposición de cuerpos que se van disolviendo hasta llegar a la esbelta antena. Diseñado por los arquitectos Shreve, Lamb and Harmon el Empire State solo pudo verse superado hasta 1973, año en que el Maestro Minoru Yamasaki sorprendiera al mundo entero con el complejo de casi 525 metros de altura y mismo que en el año 2001, fuera destruido por lo que según nos dicen fueron dos aviones; dando lugar a lo que hoy conocemos como zona zero.

El Memorial 9/11 es un sitio alucinante, un poco por la fuerza de la historia y el peso de la tragedia y otro tanto porque en el lugar que ocuparon las torres de Yamasaki hoy existen dos enormes vacíos, preservar su inexistencia ha sido el gran homenaje, Michael Arad, arquitecto de origen judío nos regala un monumento extraordinario: “la nada”, enmarcados por el flujo ininterrumpido del agua dos enormes cascadas se vierten en sendos espejos de agua uno para cada torre y que a su vez terminan su ciclo en un nuevo par de perforaciones al centro de los cuadrados, de ellas, por las noches emanan dos rayos láser que representan el espíritu de aquellas dos moles de acero, aluminio y cristal que quedaron reducidas a escombros en unas pocas horas. Complementan el paisaje una retícula de árboles llamada así “bosque de árboles” diseñados por la firma de arquitectura de paisaje de Peter Walker & Partners.

Ahí mismo, podemos entrar al museo del 9/11, un modesto pero muy bello edificio diseñado por los noruegos de Snoetta que por medio del manejo alucinante del espacio cerrado nos conducen a lo que fuera la cimentación de las torres gemelas. Muy cerca del museo aparece la exorbitante estación del metro, la más cara del mundo “El óculo” u “Oculus” del afamado Santiago Calatrava, con un costo que alcanzó los casi 4 mil millones de dólares el esqueleto blanco impacta por su nitidez en el trazo y la escala inmisericorde que aplasta a quien la transita. Un monumento al despilfarro y el lujo, como es casi todo en Manhattan.

Las dos torres ahora serán sustituidas por siete, la primera de Skidmore, Owings & Merrill está lista The One World Trade Center es hoy por hoy el rascacielos más alto de Nueva York, su antena supera los 540 metros de altura y a través de un súper elevador es posible llegar al piso 102 en tan solo 16 segundos.

Así es Manhattan, una isla que no se detiene, la cuna del capitalismo, el centro del poder político y económico de la nación más poderosa del mundo, lujosa, impresionante y cosmopolita, en ella convergen hombres y mujeres de todos los grupos raciales, todos corren, todos suben, todos bajan y me queda claro jamás permitirán que luzca vacía.