Morelos, ¿anfitrión de la innovación? – Iván Duncker

Innovar es querer renovar al mundo (productos, procesos, marketing u organización), generando nuevas ideas para resolver problemas o creando mejores alternativas, concretándolas y comercializándolas, agregando así valor a un producto o proceso; lo más importante de la innovación es que sustenta la evolución de una sociedad, generando crecimiento económico y bienestar. En esta segunda parte, platicaremos sobre modelos de innovación y alternativas para innovar en contextos gubernamentales desfavorables.

La innovación es parte fundamental del cambio tecnológico, el cual condiciona el crecimiento económico y la calidad de vida. Las aportaciones de Robert Solow (Premio Nobel en Ciencias Económicas, 1987) mostraron que el crecimiento económico a largo plazo surge del cambio tecnológico, más que de incrementar capital o mano de obra. Al menos la mitad del crecimiento en el ingreso per capita, está vinculado al cambio tecnológico. Por eso, si queremos lograr bienestar en México, necesitamos impulsar la innovación.

Hay mucho por hacer, ocupamos el lugar 56 de 126 países en el Índice Global de Innovación (OMPI, 2018), detrás de Chile (47) y Costa Rica (54). De acuerdo con el Índice de Competitividad Sostenible de los Estados Mexicanos, Morelos está en el lugar 26 en materia de competitividad y en el 18 en materia de innovación y emprendimiento (ITESM, 2017). En el 2015, sólo 6% de los emprendedores mexicanos encuestados tenían un producto innovador que ofrecer y un 83% manifestó que ni siquiera intentó innovar en el último año (ONE, 2015).

¿Cómo innovar? En 1995 Henry Etzkowitz (economista) y Loet Leydersdorff (sociólogo) plantearon el modelo de la “Triple Hélice” para definir un ecosistema de innovación basado en las interacciones entre la industria (generadora de riqueza), la universidad (producción de conocimiento) y el gobierno (regulación de mercados). Se caracteriza por un flujo de conocimientos eficiente entre estos agentes, creando políticas conjuntas para innovar y con intersecciones que borran sus fronteras (ej. una universidad puede incubar empresas o una empresa puede desarrollar un centro de investigación). Para las universidades, la Triple Hélice es muy benéfica, ya que se le valora como un socio igualitario, contrarrestando la subordinadación a la industria o al gobierno.

En la Triple Hélice, el gobierno participa: 1) legislando a favor de la innovación (ej. apertura de negocios, protección de la propiedad intelectual, incentivos fiscales); 2) promoviendo y sustentando la incubación de empresas, asumiendo el riesgo financiero que los empresarios no quieren; 3) financiando la investigación en ciencia básica (indispensable para sustentar la ciencia aplicada) y capacitando a empresarios, funcionarios y científicos en materia de innovación y 4) coordinando y promoviendo la vinculación entre los distintos participantes.

El riesgo que asume el gobierno al invertir en la incubación de empresas es importante, ya que puede absorber la pérdida en caso de que los proyectos fracasen, a diferencia de un empresario qué de invertir y fracasar, podría perder su empresa, particularmente con pequeñas empresas. Además, aún frente al fracaso, el gobierno logra beneficios sociales, por ejemplo, se crea propiedad intelectual y nuevas tecnologías, también, se abren caminos en nuevos mercados donde las grandes empresas no quieren ingresar (áreas de mayor incertidumbre, pero con posibilidades de realizar grandes avances científicos y cambios sociales). Así, el gobierno también contribuye a contrarrestar la hegemonía de las grandes empresas.

Un ejemplo exitoso de la Triple Hélice es Silicon Valley (EUA), donde el gobierno estadounidense actúo como inversionista estratégico. En 2011, por ejemplo, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) invirtieron 31 mil millones USD en investigación biomédica, propiciando el desarrollo de diversos fármacos revolucionarios. El IPhone o los autos Tesla, fueron posibles gracias a fondos públicos. En Finlandia y China se utilizaron fondos públicos de innovación para impulsar empresas en sus etapas tempranas y que resultaron muy exitosas, Nokia y Huawei, respectivamente.

Lo anterior, difícilmente puede ser aplicado tal cual en México, pero les quiero comentar sobre una evolución de este modelo, para posteriormente reflexionar sobre cómo podríamos innovar la innovación en nuestro país. A la Triple Hélice, se le agregó la sociedad como un cuarto agente para la innovación, creando la “Cuádruple Hélice” (Carayannis, 2012). Con ello se democratizó la innovación, reconociendo en los ciudadanos (quienes viven los problemas como usuarios y tiene sus propias ideas para solucionarlos) como socios activos del proceso innovativo. Así, industria-universidad-gobierno-sociedad, se entrelazan para generar innovación en espacios de múltiples disciplinas y perspectivas. Un ejemplo de esto son los Laboratorios Vivos. En el Laboratorio Vivo de Gastronomía Inteligente en Bélgica, que se enfoca en la innovación alimentaria, se involucra a miembros del público para participar en procesos de co-creatividad, prototipificación y validación de nuevas recetas, productos, objetos y utensilios.

Hay una reciente evolución a la “Quíntuple Hélice”, pero se las dejo de tarea. Aterricemos ya en nuestra realidad mexicana. Pensar en replicar hoy a Silicon Valley en México es absurdo y lo es porque tenemos gobiernos disfuncionales (administrador de problemas y sin políticas de largo plazo), así como deficiencias estructurales e ideológicas en las universidades (distantes de la innovación) e industrias (manufactura y no mentefactura). A esto, sumemos una participación marginal de la ciudadanía para impulsar la innovación, lo cual debe cambiar frente a la reciente reforma constitucional al Art 3º que dice: Toda persona tiene derecho a gozar de los beneficios del desarrollo de la ciencia y la innovación tecnológica. El Estado apoyará la investigación e innovación científica, humanística y tecnológica.….

¿Qué hacer entonces? El principal obstáculo para innovar en México es la disfuncionalidad del gobierno en sus tres niveles y es multifactorial: falta de financiamiento a la ciencia, tecnología e innovación (sólo 0.5% del PIB); legislación que desincentiva la innovación; corrupción; colusión con grandes empresas para afectar a las pequeñas; desinterés e ignorancia de los servidores públicos en materia de ciencia, tecnología e innovación; organismos especializados para impulsar la innovación pero desprovistos de presupuestos y recursos humanos suficientes y sin una articulación transversal con las secretarías de estado (¿Morelos?). No con esto quiero decir que hay que tirar la toalla, por el contrario, hay que incrementar la presión, pero seguir esperando a que el gobierno cambie para poder innovar, es seguir negando a los mexicanos los beneficios del talento que tienen sus empresarios y científicos, resultando ello destructivo para la economía y el bienestar.

¿No será momento que académicos, empresarios y sociedad nos apropiemos de la innovación y dejemos de asumir que es imposible sin el apoyo del gobierno? Tal vez es momento de mandar al gobierno a la banca para que recapacite, para que se entrene y cuando esté listo para jugar con ganas y limpio, pues que regrese a la cancha. Entretanto, académicos y empresarios tenemos que trabajar de la mano de la sociedad (ciudadanía/usuarios). Pensemos en un modelo de innovación industria-universidad-sociedad ad hoc para México, en el que incluso las plataformas tecnológicas de fácil acceso (apps) permitan generar vínculos de primera mano, sin intermediarios.

Así, con los ciudadanos/usuarios integrados al proceso de innovación, dotamos a la industria y a las universidades de inversionistas (crowdfunding, angel investment o venture capital), votantes para presionar cambios gubernamentales, y una red de organizaciones civiles con quienes hacer sinergia para abrir nuevos mercados y espacios sociales, diagnosticando problemáticas y gestionando soluciones, a través de la vinculación directa de la industria y la universidad con la sociedad y sus comunidades. Si avanzamos en este sentido, plan B si gustan, podremos prosperar en un periodo de transformación e incertidumbre. Tal vez, si el gobierno se ve rebasado por una ciudadanía organizada, entonces reaccione y asuma su responsabilidad social para impulsar la innovación.

Tomemos las riendas para renovar a México, garantizando a las futuras generaciones un país soberano y resiliente, sustentado en una sociedad del conocimiento que asegure el bienestar para todos sus ciudadanos y para quienes el usufructo de la ciencia, la tecnología e innovación, sea un derecho plenamente ejercido.

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