Niña con cáncer terminal es congelada hasta que encuentren cura a su enfermedad

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«Tengo sólo 14 años y no quiero morir, pero sé que voy a morir…». Todo empezó por una carta, escrita a mano por una niña con un cáncer terminal y dirigida al juez Peter Jackson, que tuvo en sus manos un decisión crucial: permitir o negar a sus padres el derecho a ser «criogenizada» (preservada a 196 grados bajo cero) en el momento de su muerte, con la esperanza de volver a la vida en el futuro.

«Me dicen que explique por qué quiero hacer esta cosa tan poco usual», añadía en su carta J.S, las siglas con las que ha sido identificada la niña. «Pienso que ser criogenizada me da una oportunidad para despertar cuando se encuentre una cura, aunque haya que esperar cientos de años».

«No quiero ser enterrada», continuaba la niña en su inusual súplica. «Quiero vivir más tiempo y tener esa oportunidad. Ese es mi deseo».

El juez Peter Jackson quedó tan conmovido por la carta que decidió conocer personalmente la niña y visitarla en su lecho de muerte en un hospital británico. Allí le agradeció su «valentía» ante la adversidad. Y allí despejó también su última duda para la sentencia histórica que ha permitido «criogenizar» un cuerpo de 14 años: un caso sin precedentes en el mundo.

J.S. recibe ahora el nombre de «Paciente 143», en los tanques blancos con nitrógeno líquido del Cryonics Institute de Michigan, en Estados Unidos. El «Paciente 144» es un millonario de 56 años cuyo cadáver llegó en avión privado hasta el peculiar almacén que hacer las veces de «congelador humano». El «Paciente 145» es otro hombre de 78 años que murió en las cercanías del instituto y pudo ser «criogenizado» dos horas después de fallecer.

En el caso de J.S., los padres lograron el apoyo económico y logístico de Cryonics UK, la organización creada por Alan y Sylvia Sinclair (ya fallecida y «criogenizada» con el número 117) para ayudar a las personas que no puedan costearse el procedimiento, estimado en unos 45.000 euros.

De momento no se ha hecho público el tipo de cáncer tenía J.S., que fue diagnosticada en el agosto del 2015 y murió en octubre del 2016 después de haber pasado por quimioterapia. Su madre apoyó desde el principio los deseos de la niña, aunque su padrastro se oponía. El juez determinó que la última palabra la tenía la madre, que no pudo estar presente en el momento en que murió su hija porque estaba volcada en los preparativos de la criogenización.

El prodecedimiento ha empezar dos minutos después de la parada del corazón y no más de tarde 15 minutos. El cuerpo se envuelve en hielo y el cuerpo recibe varias inyecciones de productos químicos para prevenir los coágulos (en una fase posterior, la sangre se sustituye por una solución especial para preservar los órganos).

El juez dio constancia de los problemas que los voluntarios de Cryonics tuvieron para iniciar el procedimiento y de la colaboración inesperada que tuvieron que requerir al hospital para poder preservar el cadáver. El propio Jackson admite que todo lo que hacen al cuerpo después de la muerte puede resultar «perturbador»para el común de los mortales.

«Estamos ante un caso único en el Reino Unido y probablemente en el mundo», aseguró el juez Jackson. «Es también un claro ejemplo de las nuevas preguntas que la ciencia está planteando a la ley».

«Ningún otro padre se ha visto en una posición similar», asegura el magistrado británico, que tuvo que mediar en el conflicto surgido en la propia familia y en la firme oposición del padrastro. Pese a su fallo a favor de los deseos d J.S., el juez ha admitido que el caso puede alentar a otros niños con enfermedades incurables a intentar «sobrevivir» con este procedimiento «que puede ser poco más que una pseudociencia».