No te pierdas la columna semanal sobre Poesía de Lungo García

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Por: Lungo García

Sabemos que a la mayoría de los que les gusta la poesía tienen el inconveniente de no tener el tiempo suficiente, gran parte de los días, por estar enfrascados en la lucha cotidiana por el sustento y, por lo tanto, se le dificulta poder gozar de esta placentera costumbre. Esto limita ampliar sus conocimientos en lo que respecta a tipos, formas y estilos de poesía. Si a esto le agregamos la poca costumbre de leer la cosa se complica aún más.

Conociendo todo esto es que trataré de ser lo más breve posible en mi intento de acercarles algunos tips sobre este asunto y unas pocas recomendaciones para quienes también les gusta declamar.

La poesía se remonta, en sus primeras manifestaciones, en la antigua Grecia, y podemos decir que es la forma, a través de la palabra en verso o prosa, del sentido estético y de la belleza como así  también todo lo concerniente a las emociones del ser humano: gozo, sufrimiento, amor, odio, sentido de la vida y la muerte, entre otras cosas. Hay tres grandes géneros de poesía: Lírica, dramática o teatral y épica o narrativa. La lírica debe su nombre a que se acostumbraba a declamar acompañado por el tañir musical de la lira.

No quiero decir con esto que la poesía naciera en Grecia, ya que es sabido que desde que la raza humana comenzó a hablar, al poco tiempo se empezó a manifestar en verso. Hay documentos que demuestran que en las pirámides egipcias se encontraron poemas grabados en caracteres cuneiformes, de una antigüedad no definida. Mucho más acá en el tiempo y la geografía, tenemos el ejemplo del gran Nezahualcóyotl, que en lengua náhuatl dejó versos incomparables que sorprendieron al conquistador español por su visión filosófica de la vida y de la muerte. En otra entrega hablaremos de la gran cantidad y calidad de poetas de este México querido.

Esto es, a grandes rasgos y limitados por el tiempo y el espacio, lo que quería compartirles sobre la poesía. No escapará a la comprensión de Uds. Lo amplio y extenso del tema para profundizarlo en su totalidad.

En mi caso particular, me inclino por la poesía romántica, la que habla del amor y desamor, encuentros y desencuentros, éxitos y fracasos, gozo y sufrimiento, entre otras cosas. También me gusta la poesía social y popular, la que describe y denuncia las penurias de los sin voz, los ninguneados a perpetuidad y que esperan un futuro mejor.

Para declamar los poemas, trato de adentrarme en el asunto que trata, impregnarme de lo quiso expresar el autor y darle vida, de la mejor manera posible, para que llegue al corazón y al sentimiento del que escucha. Para eso hay cuestiones fundamentales tener en cuenta al momento de declamar.

Tenemos que tener presente que el vehículo fundamental es la voz y por lo tanto, cuidarla lo más posible y no cometer excesos ni exigir demasiado a las cuerdas vocales con gritos o tonos agudos y graves al extremo.

El declamar es un arte, ya que expresar las pasiones humanas es una de las formas más bellas y sentidas. Por lo tanto el declamador debe tener una sensibilidad especial para poder transmitir las emociones y llegar al corazón de quien es depositario de ese mensaje.

Antes de aprender a declamar, es necesario saber hablar. Una pronunciación exacta, limpia y regular es, en efecto, la primera condición en el arte de la palabra. Claro que hay que tener en cuenta los distintos tipos de voces: las chillonas, las duras o las de falsete que producen cierto rechazo al escucharlas y las otras que agradan y acarician el oído.

Lo aconsejable es hablar y declamar con naturalidad, con fluidez y con énfasis cierto y justo donde deben ir, nada hay más desagradable que escuchar acentuar indebidamente una palabra o párrafo.

Los ademanes también son importantes, pues ayudan a construir la imagen de lo que se declama, pero hay que tener cuidado de que vayan acorde a la narración, por ejemplo no señalar al suelo si se habla del cielo o de las estrellas o llevar la mano a la cabeza cuando se habla del corazón. Parece algo obvio pero es común que se caiga en ese error. Debemos tener siempre presente que todo ademán debe seguir  a  la voz como la sombra al cuerpo, ya que el ademán “subraya” la idea.

Hasta aquí llego por ahora. Es extenso y, para mí, apasionante el tema por lo tanto lo profundizaremos en otras entregas, ya que estamos limitados por el espacio.

Les dejo mi afecto y será hasta pronto.

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