Presentan el libro de poemas “Hablar con el corazón: Moyolnohnotsani”

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La Escuela Primaria Indígena Kuentepetzin de la comunidad de Cuentepec, una región montañosa del estado de Morelos en donde el náhuatl sobrevive como el idioma dominante y de uso común entre sus pobladores, recibió de nuevo el 29 de junio, luego de un par de años de trabajo arduo, al grupo de poetas que participó en la creación del libro “Hablar con el corazón: Moyolnohnotsani”, esta vez para presentarlo ante los niños que colaboraron en su desarrollo aportando las palabras que les inspiraron.

Óscar de Pablo, en representación del Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura, ocupó su silla al frente del grupo de niños que, también sobre sus sillas, esperaban la lectura en voz alta de los poemas del libro. “Este es un libro que hicieron varios amigos nuestros, poetas, con poemas formados con palabras que salieron de aquí mismo y, como los poetas luego no saben mucho, los niños les tuvieron que explicar qué significan esas palabras”, les dijo. Dicho trabajo surgió de una tarde de juego compartida con niñas y niños de Cuentepec en la Biblioteca Kampa tlamachtiloyan, con la intención de tender un puente entre jóvenes poetas morelenses y la cultura náhuatl viva; un vislumbre a su manera particular de nombrar y ver el mundo para generar encuentros en la creación. Se trata de un homenaje a una de las pocas comunidades que vive, prácticamente en su totalidad, una de las lenguas más importantes de nuestro país.

Los poetas presentes durante la presentación, moderada por Mariana Avilés, fueron Ana Velarde, Margarita González, Victorino Torres Nava y Sergio D. Lara. Ana Velarde, a partir de la palabra Tekpin, que significa “pulga”, compuso y leyó para los niños el siguiente poema:

Pequeñitas, pequeñitas

Como el polvo en los caminos

O como el chile piquín que comemos con pepinos

Tekpin, Tekpin

Incansables, diminutas

Saltan siempre con destreza

Como pedazos de noche ocultas en la maleza

Van de arriba para abajo

Ahora las ves, ahora no

Las pulgas, cómo se esconden

Tekpin, tekpin

De tan rápidas que son

Si me llegan a la cabeza y hacen piruetas en mí

Tekpin

¡Qué comezón me daría! Mejor te las paso a ti

Y si en tu perro se suben

Yo te puedo asegurar que por rascarse en el suelo

No dejarán de rodar

Tekpin, tekpin

Van de arriba para abajo

Ahora las ves, ahora no

Tekpin

Las pulgas ¡cómo se esconden de tan rápidas que son!

Parece que todo el tiempo vivieran en una fiesta

¿Me creerías si te digo que ellas nunca duermen siesta?

Hasta lo alto del cielo siempre tratan de llegar

Tekpin, tekpin

¿Lo habrán tocado algún día?

Tendremos que averiguar.

En entrevista, el Sergio D. Lara arrojó luz sobre la historia del encuentro entre lenguas que dio origen a “Hablar con el corazón”: “Fue un trabajo de Miriam Ponce, que vino aquí a los talleres que ya se hacían con los chicos, para preguntarles cuáles eran las palabras que ellos amaban, cuáles eran las palabras que sentían más cercanas. Surgieron juegos que no tenían que ver específicamente con eso, pero en los que alguna palabra destacaba, se repetía mucho y era más interesante. Y a partir de ahí, les preguntaron a los niños por qué eran importantes para ellos. Entonces se hizo una especie de piscina de palabras que después llegó a nosotros y nos sumergimos en ella. Nos dieron a elegir y tomamos las palabras que más resonaron en nosotros y con ellas escribimos poemas que dialogaran con esa palabra, que fueran emotivos, entretenidos y divertidos.” La palabra que le tocó a Sergio D. Lara fue Noyolcocohua, que traducida al español significa “tristeza”. “Pero también tenía algo que tienen las palabras en náhuatl: son absolutamente metafóricas —expresó—. Su significado exacto es ‘cuando estoy triste me duele el corazón’. La idea era tratar de transmitir ese sentimiento de tristeza absoluta. El lenguaje metafórico es una riqueza que en el español no existe. La palabra que usan para referirse a ‘dedos’ significa ‘hijos de la mano’. O tlazohcamati, que se traduce ‘gracias’ en español pero significa literalmente ‘te doy mi amor a través de la boca’. Son universos enteros en palabras. Si estuviéramos más en contacto con el náhuatl aprenderíamos un montón de cosas, y nuestro mundo, que por más grande que parezca es realmente pequeñito, de repente se ampliaría hasta posibilidades infinitas.”

El náhuatl se mantiene vivo en Cuentepec. Victorino Torres Nava, oriundo de la comunidad, ofreció un ejemplo de ello; su participación en la ceremonia se produjo mayormente a través de su lengua madre. Pudo notarse que los niños, aunque bilingües, respondían con mayor entusiasmo ante los mensajes expresados en el idioma que les enseñaron sus padres.

“Oigan, yo no  le entendí, porque no sé hablar náhuatl —dijo Mariana Avilés al micrófono—. ¿Alguien me quiere decir qué fue lo que hablaron con Victorino? ¿Qué les mandó a decir Miriam?

Y una niña al frente le respondió: “Que nunca dejemos de hablar en náhuatl.”