Regular los Doctorados Honoris Causa

Por: Jordi Messeguer

La semana pasada causó revuelo entre los medios de comunicación y particularmente en las redes sociales, la extravagante entrega de “Doctorados Honoris Causa” a sendos personajes entre quienes destaca la conductora de televisión Laura Bozzo.

Vale la pena detenernos un momento a reflexionar sobre el hecho y sobre sus antecedentes.

Recordemos en primer término que los Doctorados Honoris Causa son reconocimientos que otorgan, normalmente, las Universidades a personalidades que han destacado en las ciencias, las artes o las humanidades y que, habiendo o no, obtenido un título académico, sus aportaciones a la humanidad son tales que merecen ese reconocimiento. Es decir, a pesar de que son otorgados por instituciones educativas, no representan un título académico ni lo sustituyen.

Es así como cada Universidad ha establecido los méritos necesarios para alcanzar este reconocimiento y en la mayoría de los casos, son evaluados por paneles o claustros de expertos y expertas que determinan si se otorga o no.

Por otro lado, recordemos que la Secretaría de Educación Pública (SEP) es la entidad gubernamental encargada de regular el ejercicio profesional. Es así como, cuando una persona concluye una carrera profesional o un posgrado, recibe de su institución educativa un título mismo que certifica que posee los conocimientos de acuerdo con cada plan de estudios.  Posteriormente la SEP certificará dicho título y emitirá una cédula profesional, documento que permite a una persona ejercer una profesión.

Regresemos a nuestro tema de los doctorados honoris causa. Al ser reconocimientos, la SEP no los valida y por ende no permiten el ejercicio de ninguna profesión.

Laura Bozzo nos demostró el abuso que se da en la entrega de un reconocimiento del más alto valor académico y social pero que está a la sombra de la ley. Hoy por hoy cualquier organización (asociación civil, instituto o incluso una empresa) pueden instaurar un premio que se llame “doctorado honoris causa” y entregarlo a diestra y siniestra. Es más, podría incluso cobrar por el (caso Laura Bozzo).

Lo que no podrían hacer, ni la conductora ni nadie que haya recibido un premio similar, es ejercer algún tipo de profesión o presentarlo como el equivalente a un título académico.

Sin duda la entrega (o venta) de este tipo de “premios” demerita una tradición que durante siglos han seguido las Universidades. Colocar en el mismo nivel de reconocimiento el aporte a la humanidad de personas como Simone Veil o Nawal al-Sa’dawi (Doctoras Honoris Causa por la UNAM) con Laura Bozzo o Carlos Trejo, ofende.

El llamado es a regular un reconocimiento que por su tradición, historia e importancia merece un mínimo de respeto.

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