Seguridad pública y sociedad: Enrique Trejo

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Cuando el ser humano decide formar grupos sociales, surge con ello la necesidad de asignar los roles que van a desempeñar cada uno de los componentes del conglomerado social de que se trate, de tal suerte que, a unos les corresponde el proveer de alimentos, a otros les corresponde la preparación de alimentos, también habría a quienes les corresponde el orden del refugio o la casa, mientras que a otros les corresponde el cuidado del grupo.

Ahora bien, sin dejar de observar que todas las funciones son importantes ya que de esa manera es que funciona correctamente el engranaje social, hoy nos enfocaremos a uno de los roles de mayor trascendencia, esto es, el que corresponde precisamente a la salvaguarda y custodia de la seguridad de la sociedad en su conjunto y de manera individual, ya que un entorno seguro y la salvaguarda de los colectivos ha sido objeto de primordial atención desde tiempos inmemoriales.

En efecto, el tema de seguridad siempre ha preocupado a todo mundo, y en los grupos sociales más evolucionados el colectivo decide confiar dicha función a un grupo específico de la sociedad, conformando en una primer fase grupos particulares de protección, los cuales por obvias razones, eran casi exclusivos de los sectores económicos más fuertes de la sociedad, por lo que posteriormente se crean, grupos especializados pertenecientes y bajo el control de del propio gobierno, con lo que se pretendió garantizar a todos por igual, la seguridad pública.

Así tenemos, que dichas fuerzas de seguridad, para el adecuado desempeño de sus actividades, se encuentran dotadas de ciertas características específicas, como lo es el uso de armas, mayor grado de credibilidad en su dicho, respecto del resto de la sociedad, preparación especializada en el rubro de la lucha cuerpo a cuerpo, en el uso de armas y de estrategias multidisciplinarias, lo que evidentemente les otorga en perspectiva, cierta superioridad respecto del resto de la sociedad.

Precisamente por lo anterior, resulta claro que el actuar de dichas fuerzas de seguridad, ya sea en cualquiera de sus esferas, federal, estatal, municipal o de cualquier índole, por la misma superioridad de que están dotados, deben ceñir su actuación a determinados protocolos, los cuales son claros en la forma de actuar en cada caso concreto, por lo que de ninguna manera pueden actuar de manera impune y a su libre arbitrio, sino que su actuar debe ajustarse al marco legal preestablecido.

Sin embargo, cabría preguntarnos ¿Por qué actualmente cuando vemos a un elemento policial, sentimos cierta inseguridad? Esto es, lejos de sentirnos seguros o protegidos, nuestra sensación es de peligro o intimidación, quizás la respuesta pudiera ser que a lo largo de la historia se ha demeritado la figura de autoridad de las fuerzas policiales, ya que algunos elementos lejos de cumplir su función, se han dedicado a obtener beneficios personales al aprovechar de algún error del ciudadano para extorsionarlo.

Por si fuera inadecuado el panorama anterior, esto es, el de la extorsión, se han conocido casos en los cuales algunos elementos inadecuados de las fuerzas policiales, llegan a “sembrar” evidencia a los ciudadanos con tal de extorsionarlos, o incluso llegan a la agresión física con tal de hacer valer la superioridad de que están provistos, ya que paradójicamente amedrentan al ciudadano con las armas de cargo que les han sido confiadas para la defensa del propio gobernado.

En razón de lo anterior, resulta claro que no ha funcionado el sistema para la selección del personal de las fuerzas policiales, ya que no ha sido posible acabar con la corrupción y abuso de autoridad, en el qué si bien es cierto que también participa el ciudadano, ello obedece a la ineficacia en el control de los elementos de seguridad, quienes a su vez quizás también son presionados por sus mandos para ser partícipes de esos actos de corrupción al exigirles las famosas “cuotas” al más puro estilo de la época de Arturo Durazo.

Por lo anterior, resulta claro que es urgente que tanto sociedad como gobierno hagamos lo que nos corresponde para terminar con ese mal que aqueja a nuestra sociedad y que es la corrupción, ya que en la medida de que cada uno hagamos lo que nos corresponde y evitemos ese tipo de comportamientos, para que de manera paulatina logremos abatir los actos de descomposición social que históricamente tanto ha lacerado a nuestro país.