Conmemoran a San Juan Parrandero en el Museo Morelense de Arte Popular

34

El miércoles 17 de junio, la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Morelense de Arte Popular (MMAPO) recibió la imagen de San Juan Parrandero y le preparó un pequeño altar con ofrendas junto a uno de sus pilares. A su lado, una mesa de expositores integrada por Janeth Pineda, Ulises Nájera, Karina Olascoaga, Adriana Ady Ketzali Alanís y Víctor Hugo Sánchez Reséndiz ofreció una serie de ponencias y anécdotas bajo el nombre “La novena de San Juan: por el agua y el sustento”, alusivas al rito tradicional que, a través de su figura, celebra y recibe al temporal de lluvias el 24 de junio de cada año.

“Con esto no se nos olvida qué es y qué había sido el agua —comenzó diciendo Víctor Hugo Sánchez, mientras levantaba en la mano una botella de plástico—. Aquí nos la venden ahora, en este envase que le va dando un sentido diferente al que tradicionalmente había tenido. Como dice Jean Robert: lo que nos venden es H2O, y el agua en los pueblos era algo totalmente diferente. El agua unía a la gente. El agua se compartía, se trabaja en conjunto para limpiar los apantles, se trabaja comunitariamente la tierra, había apoyos mutuos para el riego; el agua era sagrada, no una fórmula química. Estaba ligada al ciclo de lluvias, que a su vez está relacionado al ciclo agrícola y, como tal, también ligada al ciclo ritual. El día de San Juan es el momento en el que las lluvias se desatan en pleno. El envase del agua de los pueblos es sagrado y comunitario.”

A su vez, Ulises Nájera ofreció una charla con apuntes sobre las aguas y su impacto en la comunidad de Tezoyuca. “Para los pueblos antiguos nada más existían tres estaciones: las secas, las lluvias y los fríos. En tezoyuca, se tiene la creencia de que cuando las chicharras cantan, se aproxima el momento en que caerá la lluvia, cuando cantan mucho se cree que están llamando al agua.” Tomando como punto de partida los nuevos brotes vegetales que la lluvia hace surgir de la tierra, Ulises Nájera compartió una lista de jehuite (todo tipo de follaje de temporada) propio de la región, entre los que mencionó: chichicaxtle (también llamada “mala mujer”), aguazules, quiebraplatos, uña de gato, la capitaneja (una planta muy rasposa que, si se toma en té, ayuda a limpiar el estómago), jarilla, biznagas, sávila (que en su pueblo se usa para que los niños dejen de chuparse el dedo), barbas de chivo, verdolagas, cueclas (el retoño de los guajes), berros, orejas de cazahuate (un tipo de hongo que se puede preparar con mole o clemole), quelites, alacles, entre muchos otros.

Asimismo, Ulises Nájera también lamentó el desvanecimiento del rito de San Juan en su comunidad, aprovechando la ocasión para recalcar la asociación providencial que la deidad sigue manteniendo con el temporal: “Por toda esta riqueza de conocimientos que implica, era por lo que se celebraba antes esta tradición en mi pueblo. Había gente que fabricaba San Juanes con tzompantle. La procesión que los llevaba se iba mojando hasta llegar al pozo donde estaba el agua de lavar para arrojarlos ahí. Ahorita con nuestros problemas de agua, con los pozos que se perforaron para todas las unidades que llegaron, y con todos los acuerdos que se firmaron con las inmobiliarias y no han cumplido, nosotros nos la estamos tandeando y hay veces que llega dos días, a veces tres días… pero afortunadamente ahora, en tiempo de aguas, llega diario.”

Posteriormente Karina Olascoaga, de Temimilcingo, Janeth Pineda de Coatetelco y Adriana Ketzali Alanís, de Jiutepec, compartieron las distintas formas en que se celebra en sus comunidades a San Juan, y en el caso de Jiutepec, a San Juan Parrandero, el lugar del que es oriundo, a través del documental proyectado por Adriana Alanís. Al término de la sesión, los asistentes tuvieron la oportunidad de degustar Zacualpan, café, nieves de agua de distintos sabores y pan tradicional de cortesía.