Jorge Cázares forma parte ya del paisaje celestial

Cuauhtémoc Blanco ausente en las pompas fúnebres del máximo representante de la pintura morelense.

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El fallecimiento del paisajista Jorge Cázares Campos reunió a la comunidad artística y política ayer en el Jardín Borda para recordar su legado artístico y cultural.

“Guayabo” de nacimiento, es uno de los máximos exponentes a nivel nacional del paisajismo, su vasta obra es comparada solo con el gran pintor del siglo XIX, José María Velasco.

Fundador del Centro Morelense de las Artes y de la Casa de la Cultura de Cuautla, fue también un promotor de la adquisición del Teatro Ocampo y del entonces Teatro de la Ciudad, ahora Cine Morelos, luego de que en su juventud se dió cuenta, junto con otros pintores, de la falta de infraestructura para espacios culturales en la entidad.

La escuela que deja el cuernavacense va más allá de un movimiento pictórico del paisajismo, “es más el impulso, a la formación de nuestras comunidades en búsqueda de un mejor presente, un futuro más promisorio siempre a través de la cultura, el arte y la lectura”, sostuvo en su participación el escritor Juan Pablo Picazo.

Sus obras fueron realizadas, agregó, con “una idea muy intensa de lo que significa ser morelense, ser mexicano, sin que por ello pueda decirse que sus actitudes de su obra estuviesen enfermas de provincialismo.

“Al contrario, él buscaba en ese desarrollo del arte local, de los talentos morelenses, un impulso, una perspectiva universal”

Nacido y formado en la “Ciudad de la Eterna Primavera”, el maestro Cázares recibió inspiración de las calles del Centro Histórico, lugar de su infancia.

“Jugaba con las amapolas, me ponía a dibujar y modelar con plastilina, también andaba en triciclo, alrededor de la escultura del general Pacheco”, alguna vez le contó a su amigo, el cronista Valentín López González.

 Hijo del empleado del gobierno del estado, Benito Cázares, y el mayor de siete hijos de Ana María Campos Peralta, al referirse a su ciudad natal, donde llegó a ser docente en la UAEM, Cázares Campos la describió como el lugar donde “descubrió” sus sentidos.

“Mis ojos, la luz púrpura que arrojó mi éxtasis, el olfato, y el gusto se hicieron finos y selectivos… la convivencia con la abundancia, los frutos, las guayabas, las pomarrosas, olían como ninguna otra ciudad huele: a Cuernavaca”, escribió alguna vez en sus memorias.

“Cuando ves el edén, cuando ves el Palacio de Cortés, huertas y tanta naturaleza, es obligado pintar el paisaje”.

El pintor será recordado a nivel nacional gracias al trabajo realizado para la empresa cerillera La Central, de quien el dueño, José Barroso Chávez, se convirtió en su mecenas al encargarle 200 pinturas de paisajes de todo el país, desde valles, planicies, hasta viejos pueblos y ciudades, para ilustrar el reverso de las cajas de cerillos.

En la sala Manuel M. Ponce del Jardín Borda estuvieron diversos políticos y artistas como el ex gobernador Marco Adame Castillo, el líder de Nuevo Grupo Sindical, Bulmaro Hernández Juárez y la secretaria de Turismo y Cultura, Margarita González Saravia. En el homenaje, organizado por el gobierno estatal, fue notoria la ausencia del titular del Poder Ejecutivo, Cuauhtémoc Blanco Bravo.

Los restos del artista serán cremados hoy en una funeraria de avenida Morelos Sur.