«Marcha por la familia» la columna de Nad Carranco

41

Por Nadxieelii Carranco Lechuga

Twitter: @nadcarranco

Discutir definiciones sobre el matrimonio o  las familias seguro será en vano, porque mientras yo lo defino a partir de las leyes civiles y los derechos humanos, hay quienes lo hacen a partir de las religiones y su moral y, digamos que sería un diálogo de sordos.

Llevo meses escuchando por diversos espacios justificaciones de quienes convocaron y fueron a la #MarchaPorLaFamilia o de quienes no asistieron pero las apoyaban o defendían su derecho a pensar diferente y manifestarse.

Siempre he defendido el derecho de cualquier persona a expresarse, a manifestarse, a disentir. Defiendo el derecho de cualquiera a creer en lo que mejor le parezca, pero cuando veo como el derecho a la libertad de expresión lo entienden como el derecho a limitar los derechos de otros y otras, entonces no puedo permanecer callada y mucho menos ajena.

Al escuchar que los asistentes a esta marcha insisten que no atentan contra nadie, pero que es su derecho exigir que el matrimonio no debe ser para las personas de la diversidad sexual y proponen que se llame «isomonio» (a saber que carambas significa eso) y que no deben adoptar (argumentan el interés superior del niño), por considerarles incapaces de bien educar (al parecer solo los heterosexuales somos capaces de educar niñ@s, no sé bien en qué se basan porque la realidad nos deja muy mal parad@s), así como lo inmoral que es que dos personas se demuestren afecto frente a l@s niñ@s, es un acto de discriminación y punto. No lo digo yo, lo dice la Constitución de mi país, la cual tal vez no han leído pero el artículo 1, sí, el primero de sus 136 artículos prohíbe, sí, leyeron bien, prohíbe la discriminación por cualquier razón y la preferencia sexual está incluida. Y no solo eso, en algunos estados como Morelos, la discriminación es un delito. (Sí, sí tengo ganas de ir a denunciar a vari@s, pero en este caso no puedo, otro día lo comentamos largo y tendido)

Entonces, aun cuando insisten en decir que es su derecho expresar sus ideas, la realidad es que no solo las expresan, también exigen al gobierno que no reconozca esos derechos a las personas de la diversidad sexual, entonces ya no solo hablamos de libertad de expresión, estamos hablando de la solicitud a una institución pública para limitar derechos a otras personas y eso aquí y en China se llama discriminación y la historia de este planeta nos ha demostrado lo que un discurso de discriminación puede generar. 

Así que para ejemplificar un poco como se ve el discurso del Frente Nacional por la Familia que fue quien convocó a esta marcha pensé usar sus argumentos junto con el de la Alemania Nazi, con esto no busco trivializar, estoy utilizando frases que usaron en la marcha, en el exterminio nazi y en los discursos antisemitas de Hitler:

«Yo no estoy en contra de los judíos (gays), no los odio, es que tengo derecho a manifestarme. No soy antisemita (homofóbico@), pero ellos son causantes de muchos males, son inmorales. El gobierno no debe dejar que los judíos (gays) tengan los mismos derechos que quienes no somos judíos (gays), porque no es natural y somos mayoría. Que no voten, que no tengan sus propios negocios. Es más, creo que los judíos (gays) no deberían ser libres, ni tener hijos porque no tienen valores. No es natural ser judío (gay), los judíos (gays) quieren dominar al mundo. Los judíos (gays) son los culpables de que nuestro mundo esté así, sin moral.»

Quienes marcharon piden que los gays escondan o nieguen su ser y eso es tan pero tan parecido a lo que Hitler le pedía a los judíos: «Para poder continuar subsistiendo como un parásito dentro de la nación, el judío (gay) necesita consagrarse a la tarea de negar su propia naturaleza íntima”.

Y así es como las «marchas por la familia» encabezadas por fundamentalistas, obispos, diputad@s, iglesias, partidos políticos y sociedad en general, marcharon para exigir al gobierno que no reconozca a otras personas como sujetos de derechos. 

El tema no es un asunto de tolerancia de ida y vuelta, o sea, no se trata de que yo tolero que seas gay y tú toleras que yo no quiera que tengas derechos. Salir a decir que estas marchas atentan contra derechos humanos de ninguna manera es ser intolerante, sería como decir que los que se oponen al antisemitismo o a la xenofobia o al racismo son intolerantes. No se trata sólo de que opinen diferente, se trata de marchas contra el derecho que tenemos a ser como somos, a elegir quienes somos, a decidir qué tipo de familia quiero y la obligación del estado de garantizar que quienes integren esa familia tengan derecho a la salud, a la herencia, a la vivienda y a cualquier derecho que un matrimonio heterosexual tenga. Es el derecho a la igualdad.

No decir nada puede tener consecuencias tan severas como el holocausto y el apartheid y lo vemos a diario, crímenes de odio en ascenso, violencia física y emocional, leyes que castigan con la muerte, segregación, violencia escolar, suicidios, etc. No decir nada sobre estas marchas me haría cómplice de quienes se erigen como los dadores de derechos en nombre de su moral, de sus valores y de su religión, pasando por encima de la dignidad de las personas. Así de violento y segregador es. ¿Suena fuerte? Sí, pero así es. Y si seguimos en ese camino nunca podremos construir la Paz.

Saludos Cordiales